Skip to main content

Full text of "Notas de un himno : poesías líricas"

See other formats


Z7 


«#-í*sW 


IS'> 

os 

fc~  ^aÉ'^^jUf 

i 

[*  *  *fc  <■  ^^r    ^^B     fjÉÉ 

iSC-yO     y 

H 


w>» 


*nnt5a;o. 


UNIVERSITY    OF    NORTH    CAROLINA 


BOOK   CARD 

Please  keep   this   card  in 
book  pocket 


9Í  • 

m  n 

H 

ñ  x. 

^3 

■H  ...... 

_, 

r     1 

r    ÜJ 
! 

"¡ 

1 

t: 

THE  LIBRARY  OF  THE 

UNIVERSITY  OF 

NORTH  CAROLINA 


ENDOWED  BY  THE 

DIALECTIC  AND  PHILANTHROPIC 

SOCIETIES 


PQ8519 

•  Z7 
N6 


*f5^** 


Digitized  by  the  Internet  Archive 
in  2013 


http://archive.org/details/notasdeunhimnopoOOzorr 


*' 


o 


x& 


DE  UN 


%, 


Ai 


o 


poesías  líricas 


JUAN  ZOEEILLA  DE  SAN  MARTIN 


Yo  sé  un  himno  gigante  y  extraño, 
Que  anuncia,  en  la  noche  del  alma,  una  aurora; 
Y  estas  páginas  son,  de  ese  himno, 
Cadencias  que  el  aire  dilata  en  las  sombras. 

BECQUER. 


SANTIAGO  DE  CHILE 

IlfcvíIFRIEilXrTA.    DE    "LA.    ESTRELLA    IDE    CHILE 
19   J  —  Calle   de   las   Agustinas— 19   J 

1877* 


ESTE  LIBRO  Y  SU  AUTOR. 


Dicen  que  el  que  publica  un  libro  á  los  veinte  años,  tarde  ó  temprano,  se 
arrepiente  de  ello. 

No  digo  yo  que  asi  no  sea,  generalmente  hablando ;  pero  estoy  cierto  de  que 
á  mi  amigo  Juan  Zorrilla  no  le  ha  de  acontecer  tal. 

Y,  si  mi  humilde  previsión  llegara  á  fallar,  junto  con  ella  fallarían  las  de 
los  demás  amigos  que  han  empujado  y  casi  forzado  á  Zorrilla  y  que,  al  ven- 
cer las  resistencias  de  su  modestia,  han  creído  enriquecer  con  una  joya  mas 
la  naciente  literatura  Sud-Americana. 

Ellos  y  yo  somos  responsables  de  la  publicación  de  este  volumen  de  poesías, 
y  asumimos  de  lleno  nuestra  responsabilidad;  declarárnoslo  así  para  satisfacer 
á  nuestro  amigo,  su  autor.  Mas  aun:  asumimos  esa  responsabilidad  con 
ufanía;  y  lo  declaramos  así  para  satisfacernos  á  nosotros  mismoa. 

Hemos  visto,  en  las  poesías  de  Zorrilla,  originalidad,  fantasía  rica  y,  en  es- 
tos tiempos  de  vaciedades  y  majaderías  métricas  (que  no  poéticas)  inspira- 
ción sólida  y  verdadera.  El  público  inteligente,  que  mas  de  una  corona  ha 


ESTE  LIBRO  Y  SU  AUTOR. 


ceñido  ya  á  las  sienes  del  joven  autor  de  las  Notas  de  un  Himno,  ha,  de  leer  es- 
te libro  y  ha  de  confirmar  el  juicio  que  de  él  nos  hemos  formado,  antes  de 
que  se  diera  á  la  estampa. 

Pocos  libros,  y,  sobre  todo,  libros  de  poesías,  nacen  á  la  luz  pública  prece- 
didos de  mejor  fortuna  y  bajo  mejores  auspicios.  Pocos  editores  pueden  sen- 
tirse mas  satisfechos,  al  presentar  su  obra,  que  los  de  las  Notas  de  un  Himno. 


II. 


Un  joven,  casi  un  niño,  abandona  las  encantadoras  playas  del  Plata  y  lle- 
ga á  Chile  en  busca  de  paz  y  de  maestros  para  hacer  sus  estudios  profesiona- 
les. Su  modesta  maleta  de  viajero  estudiante  viene  cargada  de  diplomas  en 
cuyo  encabezamiento  se  lee  el  nombre  del  primer  colejio  argentino  y  que  ates- 
tiguan que  el  recien  llegado  joven  es  un  vencedor  en  las  nobles  lides  del  es- 
tudio y  del  talento. 

Un  joven,  casi  un  niño,  que  abandona  la  patria,  el  hogar,  el  festivo  y  afec- 
tuoso enjambre  de  amigos  de  la  niñez;  un  joven,  casi  un  niño,  que  abando- 
na todo  eso  y  voluntariamente  se  expatria  para  venir  acá,  lejos,  endonde  so- 
lo sabe  que  hay  fé,  paz  y  maestros  y  endonde  á  nadie  conoce  ni  de  nadie  es 
conocido;  ese  joven,  ese  niño  ha  probado  que  es  un  hombre. 

Ese  joven  casi  niño  compite  en  las  aulas  de  nuestra  Universidad  con  lo 
mas  florido  de  nuestra  juventud  estudiosa,  y  cada  fin  de  año  escolar  es  para 
él  cosecha  de  bien  ganados  lauros ;  ni  tarda  tampoco  en  conquistarse  un  lugar 
distinguido  entre  los  jóvenes  católicos  que,  agrupados  en  torno  de  La  Estke- 
lla  de  Chile,  se  consagran  al  noble  cultivo  de  las  ciencias  y  de  las  letras. 

La  caridad  llama  un  dia  al  talento  y  le  pide  que  atraiga  á  una  simpática  ca- 
sa de  asilo  á  todos  los  amantes  de  la  belleza  literaria  y  de  los  nobles  y  puros 


ESTE  LIBRO  Y  SU  AUTOR. 


goces  del  espíritu.  Los  claustros  del  espacioso  asilo  se  hacen  estrechos  para 
contener  á  la  escogida  muchedumbre  que  acude  á  la  cita  hecha  en  nombre 
de  la  caridad  y  en  nombre  de  las  letras.  Juan  Zorrilla,  el  joven  recien  llega- 
do y  casi  desconocido  en  la  sociedad  de  Santiago,  es,  sin  exageración  y  sin 
depresión  de  nadie,  el  héroe  de  esa  preciosa  é  inolvidable  fiesta.  Su  magní- 
fica composición  al  Dolor  es  interrumpida  á  cada  paso  y  coronada  de  aplau- 
sos, y  le  vale  á  su  autor  una  verdadera  ovación.  Al  dia  siguiente,  la  prensa 
agrega  sus  unánimes  elogios. 

Otro  dia,  cuyo  recuerdo  está  todavía  palpitante,  los  católicos  de  la  opulen- 
ta Valparaíso  quieren  solemnizar  con  una  grandiosa  fiesta  religioso-literaria 
el  semi-secular  aniversario  de  la  consagración  episcopal  del  inmortal  Pió  IX. 
Los  inteligentes  directores  de  esa  fiesta  se  apresuran  á  llamar  de  Santiago  á 
Valparaíso  al  autor  de  la  oda  al  Dolor.  En  presencia  de  una  imponente  mu- 
chedumbre, al  lado  de  distinguidísimos  oradores  y  vates  nuestros,  preséntase 
Juan  Zorrilla,  y  es  recibido  en  medio  de  una  atronadora  salva  de  aplausos 
por  aquella  sociedad,  para  la  cual  era  personalmente  desconocido.  Su  valien- 
te y  chispeante  Pontífice  y  Bey  obtiene  un  triunfo  en  nada  inferior  al  de  El 
Dolor. 

¿Para  quién,  que  lea  y  esté  atento  al  movimiento  literario,  es  hoi  descono- 
cido en  Chile  el  nombre  de  Juan  Zorrilla  de  San  Martin? 

Eso  por  lo  que  toca  á  los  antecedentes  del  autor,  ¿y  los  del  libro? 


III. 


Horas  de  descanso  en  que  el  estudiante,  fatigado,  cerraba  el  libro  y  cogía 
la  pluma  para  derramar  su  alma  sobre  el  papel,  horas  arrebatadas  por  el  im- 
pulso de  la  inspiración  á  los  honestos  pasatiempos  de  la  juventud  y  quizás 


Vil 


6P 


ESTE  LIBRO  Y  SU  AUTOR. 


hasta  á  los  goces  de  la  amistad  ó  al  reposo  del  sueño:  eso  significaban  las 
poesías  de  Zorrilla,  antes  esparcidas  unas  en  las  páginas  de  La  Esteella  de 
Chile,  y  otras  guardadas  en  la  carpeta  del  autor,  no  sé  si  cumpliendo  el  pre- 
cepto de  Horacio  con  paciencia,  ó  impacientes  contra  la  excesiva  modestia 
de  su  dueño. 

Gracias  á  la  amistosa  violencia  de  algunos,  esas  poesías  impresas  y  disper- 
sas y  esos  manuscritos  guardados,  forman  hoy  las  JSFoias  de  un  Himno. 

El  regente  de  la  Imprenta  de  La  Esteella  de  Chile,  anunció  su  intento 
de  dar  á  luz,  en  un  hermoso  volumen,  las  Poesías  Líricas  de  Juan  Zorrilla. 
En  Montevideo,  Buenos  Ayres,  Santa  Fé,  Santiago  y  las  provincias  chilenas 
fué  acogida  con  entusiasmo  la  invitación  del  regente,  de  tal  suerte  que  serán 
poquísimos  los  ejemplares  de  este  libro  que  corran  el  azar  de  la  venta  en  li- 
brería. 

O  mucho  me  engaño,  ó  eso  es  sumamente  honroso  para  este  libro  y  para 
su  joven  autor  y  altamente  satisfactorio  para  sus  editores,  que  ven  anticipa- 
damente corroborados  por  el  público  ilustrado  sus  juicios  sobre  el  mérito 
del  libro  que  ofrecieron  y  hoy  presentan. 

¿Cuántos  libros  Sud-Americanos  pueden  contar  lo  que  las  Notas  de  un 
Himno? 


IV. 


Tres  sentimientos  dominantes,  tres  nobilísimos  afectos  son  el  numen  y  el 
alma  de  las  poesías  de  Zorrilla:  la  fé,  la  patria  y  el  amor. 

La  síntesis  de  esos  tres  afectos  constituye  la  fisonomía  moral  del  cantor, 
y,  al  mismo  tiempo,  se  refleja,  se  retrata  y  se  encarna  en  cada  uno  de  los  so- 
nes de  su  lira. 

fcS* ■> 

VIII 


ESTE  LIBRO  Y  SU  AUTOR. 


La  grandiosidad  de  los  misterios  cristianos,  los  consuelos,  la  ternura  y  la 
belleza  que  encierran  el  dogma  y  el  culto  católicos,  un  ideal  de  felicidad  pri- 
vada y  de  felicidad  social,  un  mundo  de  esperanzas  inmortales,  la  lucha  eter- 
na entre  la  indomable  entereza  de  la  fé  y  la  saña  impotente  de  la  fuerza:  todo 
eso  corresponde  á  la  cuerda  de  la  fé. 

Una  patria  amada,  joven  y  hermosa,  con  un  pasado  lleno  de  glorias,  poblado 
de  héroes,  con  un  presente  borrascoso  y  un  porvenir  incierto;  un  corazón  de 
veinte  años,  sangre  oriental  en  la  venas;  una  ardiente  aspiración  á  la  paz,  al 
progreso,  á  la  única  felicidad  posible  para  las  naciones,  que  es  la  que  se  basa 
en  la  idea  católica ;  una  confianza  inquebrantable  en  el  porvenir  de  la  patria ; 
un  noble  anhelo  de  volar  á  ella  para  poner  al  servicio  de  la  causa  de  los  bue- 
nos talento,  corazón,  y  hasta  brazo,  si  fuere  necesario;  todo  eso  corresponde 
á  la  cuerda  del  amor  patrio. 

El  religioso  y  tierno  culto  del  recuerdo  de  una  madre  idolatrada,  recuerdo 
que  se  confunde  con  los  albores  de  la  niñez;  la  ausencia  de  un  padre  ancia- 
no, todo  abnegación  y  bondad;  un  hermano  y  amigos,  inolvidables  compañe- 
ros de  la  infancia;  el  amor  ideal  de  un  ángel  terreno  soñado  ó  adivinado  por 
el  corazón  del  poeta;  recuerdos  lejanos,  rios,  campiñas,  árboles,  sitios  queri- 
dos, que  el  pincel  reproduce  con  maestría  y  el  artista  acaricia  con  amor:  todo 
eso  corresponde  á  la  tercera  cuerda  de  la  lira. 

Dios,  patria  i  amor,  sentimiento  trino  en  sus  manifestaciones:  hé  ahí  el  la- 
zo que  da  unidad  á  las  Notas  de  un  Himno.  Dios,  patria  y  amor,  tres  diversas 
melodías  que  no  forman  sino  una  sola  armonía,  un  himno  solo. 

Yo  sé  un  himno  gigante  i  extraño 
Que  anuncia,  en  la  noche  del  alma,  una  aurora, 
Y  estas  páginas  son,  de  ese  himno, 
Cadencias  que  el  aire  dilata  en  las  sombras. 


IX 


ESTE  LIBRO  Y  SU  AUTOR. 


En  el  altar  de  la  fé,  quema  la  inspiración  del  poeta  su  mejor  incienso. 
Adora,  cree,  espera  y  ama;  y  se  enorgullece  de  adorar,  proclama  bien  alto  lo 
que  cree,  desplega  encantadores  cuadros  de  esperanzas  y  canta  hermosos 
himnos  de  amor.  Desprecia  desde  la  altura  de  su  convicción  las  negaciones 
de  los  que  no  creen,  las  burlas  de  los  que  nó  esperan,  los  odios  de  los  que 
no  aman. 

Los  cantos  que  la  patria  distante  le  inspira  son  cantos  viriles,  de  entona- 
ción robusta  y  llenos  de  ufania:  cantos  de  gloria  al  pasado;  trenos  sobre  el 
presente ;  animosos  gritos  de  entusiasmo  para  el  porvenir. 

Zorrilla  es  delicado  para  acariciar  un  recuerdo,  tierno  para  trasmitir  un 
pensamiento  amoroso,  festivo  para  saludar  á  un  camarada  de  la  bulliciosa  é 
inocente  niñez;  espiritual,  casto,  cristiano  y  original  para  retratar  al  ángel  que 
se  ha  forjado  en  sus  ensueños;  en  sus  manos,  el  pincel,  al  pintar,  da  á  sus 
cuadros  luz,  colorido,  animación  y  vida. 

Su  dicción  es  correcta  y  culta,  igualmente  distante  de  la  ampulosidad  em- 
palagosa y  de  la  prosaica  trivialidad.  Sacrifica  siempre  la  palabra  á  la  idea. 
Ni  el  ritmo  ni  el  artificio  métrico  lo  embarazan,  ni  dan  un  giro  forzado  á  la 
expresión  del  pensamiento.  La  frase  fluye  rítmica  sin  esfuerzo  y  el  conso- 
nante se  brinda  siempre  comedido,  oportuno  y  dócil. 

Complácese  Zorrilla  muchas  veces  en  velar  su  idea  ó  dejarla  apenas  vis- 
lumbrar en  una  artística  penumbra,  y  goza  en  dar  á  su  lector  el  grato  trabajo 
de  esa  especie  de  adivinación.  Gusta  poco  de  trazar  en  su  tela  líneas  dema- 
siado marcadas  y  resaltantes.  Y  hé  ahí  uno  de  los  rasgos  característicos  y  pe- 
culiares de  la  poesía  de  Zorrilla,  que  le  comunica  no  poca  originalidad  y  gra- 
cia especial. 


ESTE  LIBRO  Y  SU  AUTOR. 


VI. 


Hé  aquí  unos  pocos  fragmentos  tomados  al  acaso  de  las  composiciones  de 
Zorrilla  de  San  Martin,  que  presentamos  al  lector  como  muestras  de  los 
principales  géneros: 

Esa  es  mi  fé,  que  con  orgullo  ostento, 
Depósito  sagrado 
Cuyo  sublime  asiento 
Es  la  cerviz  de  un  Dios  sacrificado. 

Dios  en  mi  corazón,  Dios  en  mi  frente, 
Radiosa  con  la  luz  de  esa  creencia: 
Esa  es  mi  noble  aspiración  ardiente 
Que  bulle  abrasadora  en  mi  conciencia. 

¡Esa  es  mi  fé,  mi  juramento  santo, 
Ante  quien  ser  é  inteligencia  postro: 

Lo  lanzo  al  mundo Si  mi  fé  quebranto, 

Lánzeme  el  mundo  su  anatema  al  rostro! 

(Ckedo!,  pág.  10.) 


XI 


ESTE  LIBRO  Y  SU  AUTOR. 


¡Ah!  ¡no  mintáis,  no  blasfeméis,  cobardes! 
La  libertad  se  mancha  en  vuestros  labios, 
Que  asaltar  á  un  anciano  abandonado, 
Crimen  es  de  vosotros  solamente, 
No  de  la  libertad,  que  en  las  batallas, 
Noble  en  sus  iras,  levantó  la  frente. 


¡Ah!  Los  tiempos  vendrán,  porque  está  escrito, 
Pontífice  inmortal,  ilustre  Pió, 
En  que  la  tierra  besará  tus  huellas, 

Y  tu  nombre  gigante 
Brillará,  avergonzando  á  las  estrellas. 


Yo  amo  tanto  tu  nombre! 


No  me  es  dado  por  ti  verter  mi  sangre; 
Mas  vierto  al  menos  mi  oprimido  llanto. 
¡Ah!  si  pidiera  sangre  tu  corona, 
Por  ceñirla  á  tu  sien  encanecida 

Vertiera  el  pecho  mió 
Toda  la  que  sedienta  de  martirio 
Aliento  en  los  raudales  de  mi  vida. 
¡Qué  feliz  si  en  el  campo  de  la  gloria 

Fuera  el  ¡ay!  de  mi  muerte 
La  gran  diana  triunfal  de  tu  victoria! 


B**** 


(Pontífice  y  Rey,  pág.  151.) 


XII 


-m 


ESTE  LIBRO  Y  SU  AUTOR. 


Llovía;  el  pesebre 
Tan  solo  abrigaba 
El  hálito  tibio 
Del  asno  y  del  buey; 

Y  absorto  el  anciano 

Y  absorta  la  madre 
Postrados  besaban 
Del  Niño  los  pies; 

Y  el  Niño  lloraba 
Del  viento  y  del  frió, 

Y  el  frió  y  el  viento 
Lloraban  también. 
Los  cielos  cantaban, 
Los  astros  crecieron 

Y  el  mundo  oyó  sones 
Ignotos  para  él. 

La  aurora 
Buscaba 
A  Belén. 


(El  Divino  Poema,  pág.  91.) 


Pabellón  bicolor:  habla  á  la  patria; 
Haz  que  cesen  los  odios  que  la  oprimen; 
Has  visto  libertad,  viste  su  fruto; 
¡Ah!  ¡no  es  valor  el  que  alimenta  el  crimen! 

A                                                                                                               •  •        & 
M* <& 

XIII 


ESTE  LIBRO  Y  SU  AUTOR. 


La  paz  le  exige  su  filial  tributo ; 
Dile  que  al  fin  comprenda 
Que  hay  un  pueblo  viril  sin  sangre  y  luto. 


El  salmo  legendario  de  la  gloria 
Nuestra  cuna  arrulló  con  rudas  notas, 

Y  con  cadenas  rotas, 
Trazó  la  libertad  sobre  los  campos 
La  heroica  introducción  de  nuestra  historia. 

El  mundo,  patria  mi  a, 
El  sello  de  esa  gloria  ve  en  tu  frente. 

Puedes  dormir  el  sueño  de  los  pueblos 

Puedes  soñar  un  porvenir  radiante, 
Que  el  bautismo  de  sangre  de  la  gloria 
Te  lo  dieron  tus  padres,  y  es  bastante. 

Si  arranqué  de  mi  lira  tu  desgracia, 
El  mundo  comprendió  que  tu  cabeza 

Se  inclinó  ensangrentada 
Bajo  tu  misma  varonil  audacia, 
Bajo  el  peso  fatal  de  tu  grandeza. 

¡Libre  te  ostento  ante  la  faz  del  mundo! 
Tu  nombre  con  orgullo, 
Hago  que  grande  entre  mis  labios  vibre; 
¡Lloré  las  faltas  de  una  patria  joven! 
¡Canté  las  glorias  de  una  patria  libre! 

(¡Patria,  mía!,  pág.  135. ) 


ESTE  LIBRO  Y  SU  AUTOR. 


i 


¡Libertad,  Libertad!  ¡Santa  palabra 

Que  adora  el  alma  mia! 
¿Siempre  has  de  ser  la  máscara  cobarde 
Donde  esconde  la  faz  la  alevosia? 
¿Hasta  cuándo  tu  nombre 

Gemirá  profanado, 
Siempre  en  sangre  empapado, 

Siempre  nuncio  de  ira, 
Siempre  hermanado  en  el  oscuro  labio 
Con  el  crimen,  la  audacia  y  la  mentira? 
¡No  puede  ser!  El  dogma  de  los  libres 
No  apadrina  la  audaz  hipocresía, 
Y  jamas  el  puñal  del  asesino 

En  sus  páginas  santas, 
Con  la  sangre  de  pueblos  ni  de  reyes, 
Escribió  ni  una  sola  de  sus  leyes. 


(Pontífice  y  Rey,  pág.  147.) 


[><*■ 


¡Qué  felices  los  hombres 
Que,  de  sufrir  rendidos, 
Pueden  decir  llorando:  "¡Madre  mia!' 
Y  fundir  su  dolor'en  un  suspiro! 


Llegaré  aun  cubierto 
Del  polvo  del  camino, 

XV 


ESTE  LIBRO  Y  SU  AUTOR. 


Y  te  hallaré,  al  final  de  mi  jornada, 
Sentada  sobre  el  borde  del  abismo. 

Por  fin  entre  tus  brazos 
Descansaré  tranquilo 

Y  verteré  en  tu  seno,  madre  mia, 

El  llanto  que  en  el  mundo  no  be  vertido. 


(¡Madre  mía!,  pág.  14.) 


¿No  veis  mi  dicba  ofuscada, 
Disipados  mis  ensueños, 
Cómo  en  sus  brazos  me  oprime 
La  realidad  del  destierro? 

Tuve  patria,  bogar,  amigos: 
Ahora,  tengo  su  recuerdo, 
Prenda  sola,  sola  y  triste 
Que  de  mi  dicha  conservo. 

Tuve  un  amor  ilusorio, 
Puro  y  ardiente  misterio 
Que  los  ojos  traicionaron 
Y  el  alma  guardó  en  secreto. 

Herencia  de  mi  niñez, 
Niñez  de  mis  sentimientos, 
Luz,  calor,  vida,  armonía, 
Del  mundo  de  mis  recuerdos. 

XVI 


& 


ESTE  LIBRO  Y  SU  AUTOR. 


Todo  lo  mira  mi  alma 
Como,  llorando  en  silencio, 
De  una  barca  que  se  aleja 
Se  oye  el  compás  de  los  remos. 

(En  brazos  del  desaliento,  pág.  48.) 


¿Queréis  sublime  á  la  mujer  amada? 
Alejad  este  mundo  de  su  vista; 
No  busquéis  la  mujer,  buscad  al  ángel, 
Que  las  almas  no  ven  pero  adivinan. 


(¡Buscad  al  ángel!,  pág.  40.) 


Keza,  niña,  al  Señor:  la  madrugada 
Keza  perfumes  é  inocentes  trinos ; 
Y,  al  dormirse  la  tarde  entre  la  niebla, 
Keza  gemidos. 

Eeza,  niña,  al  Señor:  yo  también  rezo. 
Ambos  somos  cristianos  desde  niños; 
¡Cuánto  gozo  al  pensar  que  en  Dios  se  encuentran 
Mi  fé  y  tu  fé,  tu  corazón  y  el  mió! 

(¡Eeza!,  pág.  99.) 


JNfit — ■ — ■ ; *£«& 

XVJI 


ESTE  LIBRO  Y  SU  AUTOR. 


¡Ah!  si  vierais  mi  patria! 

Tiene  arroyuelos, 
Tiene  orillas  de  flores 

Y  un  cielo  inmenso. 
¡Ah!  si  la  vierais 

Con  sus  colinas  verdes 

Y  sus  palmeras! 


Si  pudiera  esos  montes 

Echar  muy  lejos 
Y  descoger  la  sombra 

Que  enluta  el  cielo; 

Asi  quizá 
Las  orillitas  viera 

De  mi  Uruguay. 

¡Adiós,  visiones  locas, 

Bellos  encantos, 
Reminiscencias  dulces 

De  un  bien  pasado: 

Huid,  volad! 
¡Ay!  adiós,  orillitas 

De  mi  Uruguay! 


(Cantabctllo,  pág.  64.) 


-&m 


XVIII 


pst> — — 

ESTE  LIBRO  Y  SU  AUTOR. 


VII. 


Ya  que  me  ha  cabido  la  honra  de  hablar  al  público  sobre  Zorrilla  y  su  li- 
bro, ¿cómo  soltar  la  pluma  sin  consagrar  un  recuerdo  de  felicitación  á  la  pa- 
tria de  mi  amigo,  el  Uruguay? 

Desde  el  malogrado  Carlos  Piñeyro,  cuyas  reliquias  descansan  en  tierra 
chilena  y  cuya  cara  memoria  vive  y  vivirá  fresca  en  los  corazones  de  cuantos 
le  conocimos,  hasta  el  inteligente  Carlos  Berro,  que  acaba  de  separarse  de  no- 
sotros, de  vuelta  al  suelo  natal,  llevando  de  aquí  una  vasta  ilustración  y  dejan- 
do aquí  hondas  simpatías,  todos  nuestros  huéspedes  orientales  nos  han  he- 
cho amar  al  Uruguay,  sin  conocerlo. 

Por  eso,  á  causa  de  la  asociación  de  los  sentimientos,  al  hablar  del  primer 
libro  de  Zorrilla,  no  puedo  prescindir  de  enviar  mis  humildes  pero  muy  ca- 
lorosos parabienes  á  la  patria  de  mi  amigo. 

Este  libro  revela  un  talento  y  un  corazón  en  que  se  deben  cifrar  muy  fun- 
dadas y  halagüeñas  esperanzas. 

Abiertos  tiene  ante  si  el  joven  autor  de  las  Notas  de  un  Himno  un  hermoso 
porvenir  y  un  ancho  campo  de  acción,  que  su  patria  le  brinda. 

Esas  esperanzas,  ese  porvenir  y  ese  campo  de  acción  imponen  deberes  que, 
estamos  seguros,  Zorrilla  comprende  y  sabrá  cumplir. 


VIII. 


No  quiero  detener  por  mas  tiempo  al  lector  en  la  puerta.  Impaciente,  y  con 
razón,  se  sentirá  por  comenzar  de  una  vez  la  lectura  de  las  páginas  de  Zorri- 


XIX 


ESTE  LIBRO  Y  SU  AUTOR. 


lia.  Pero  antes,  permítaseme  protestar  contra  una  preocupación  muy  común: 
es  la  de  que  no  le  toque  á  un  amigo  hablar,  y  hablar  con  encomio,  de  la  obra 
otro  amigo.  Si  la  amistad  fuera  adulo  ó  interés,  deberia  sin  duda  enmude- 
cer ó,  si  hablara,  debiéranse  tener  por  desautorizados  sus  conceptos;  pero, 
mientras  la  amistad  sea  conocimiento  íntimo,  franqueza  y  lealtad,  tiene  de- 
recho para  hablar  y  mas  derecho  que  nadie;  mas  aun:  tiene  el  deber  de  ha- 
blar y  decir  la  verdad,  aunque  la  verdad  redunde  en  encomio  del  amigo. 

¿Por  ventura,  solo  Aristarco  tiene  criterio? 

¿Acaso,  la  crítica  ha  de  elegir  forzosamente  entre  el  silencio  ó  el  reproche? 

¿De  cuándo  acá  solo  tienen  derecho  á  hacerse  oir  la  envidia  ó  la  indiferen- 
cia? 

Amigo  íntimo  del  autor  de  las  Notas  de  un  Himno,  el  que  estas  líneas  sus- 
cribe no  tiene  empacho  para  declarar  paladinamente  que  las  *ha  escrito  con 
amore,  como  diria  un  músico;  y,  al  paso  que  teme  muchísimo  haber  errado  en 
sus  juicios  por  ineptitud,  está  seguro  de  no  haber  errado  por  parcialidad. 


Santiago  de  Chile,  18  de  Julio  de  1877. 


Rafael  B.  GUMUCIO. 


ffo . — -*3i 

xx 


Á  MI  FAB1E 


A  él,  que  m,e  dio  el  ser  y,  más  que  el  ser,  mis  ^ 
creencias  cristianas;  á  él,  que  protegió  mis  primeros 
pasos  en  el  camino  ole  la  vida,  dedico  los  primeros  que 
doy  en  el  escabroso  de  las  letras,  y  estas  primicias  del 
alma,  que  deposito  en  el  altar  de  mi  fé;  pobre  corona 
de.  cariño  y  gratitud  que  ciñe  á  sus  venerables  canas 

Su  hijo 

JTJJ±.?<T. 


Santiago  de  Chile,  1.°  de  Mato  de  1877. 


'4 


CREDO...! 


t 

¡Dios  y  la  inmensidad  y  mi  conciencia!  { 

¡Lejos  flotando  el  mundo  de  los  hombres! 

Sola  mi  inteligencia 
Se  inclina  á  Tí,  Señor,  desfallecida 
Y  se  siente  morir  de  tanta  vida.  í 


Mi  pié  posa  en  la  tierra; 

Pero  mi  alma,  empujada 
Por  la  mano  absoluta  de  su  esencia, 

El  infinito  encierra 

Y  se  siente  arrastrada 
Hasta  el  linde  inmortal  de  su  tendencia. 


8¡j£* ■ ■ ¿s& 


poesías  líricas. 


Hela  aquí:  la  región  de  las  ideas .... 
Mas  allá  la  intuición  del  infinito 

Cuyo  ser  inmutable 
Dilata,  con  impulso  necesario, 
La  comprensión  del  alma,  indefinida 
Luz  de  inmortalidad,  fuente  de  vida. 
La  creación  su  rítmica  armonía 

Bajo  mis  pies  murmura; 
Mudos,  los  astros  su  tropel  arrastran, 
Sin  marcar  tiempo  ni  dejar  su  huella: 
Que,  ante  tu  ser,  Dios  mió, 
Brillar  no  osara  ni  una  sola  estrella; 

Que  su  enjambre  sombrío 
Es  solo  leve  polvo  que  levanta 
Una  onda  fecundada  del  vacío 
Al  estrellarse  en  tu  divina  planta. 

Las  ideas,  cual  átomos,  circulan 
Y,  cual  vibrantes  y  estrelladas  olas, 
Surgen  del  éter,  palpitando  ondulan, 
Se  pierden  en  confusas  aureolas 

Y  salpican  mi  frente 
Las  cascadas  de  luz  inteligente. 

¡Quién  como  tú,  Señor!  clama  el  espacio; 
¡Quién  como  tú,  Señor!  ruge  el  Infierno; 

&  & 


V 


CREDO...! 


A  tu  nombre,  las  bóvedas  eternas 
Estremecen  sus  senos  de  granito 

Y  ahoga  su  doliente,  eterno  grito 
La  ciudad  del  dolor,  en  sus  cavernas. 

Todo  quieto  ante  Dios,  todo  sombrío; 
Su  aliento  lo  creado  apenas  mueve, 

Y  el  corazón  del  Universo  frío 

Ni  i  palpitar  se  atreve. 

Yo  alzo  la  voz,  Señor,  alzo  la  frente; 
Y,  entre  el  silencio  y  la  quietud  inmensa, 
Llego  tranquilo  hasta  besar  tu  mano .... 
¡Paso  hasta  mi  Señor  . .  .  . !  ¡Yo  soy  cristiano! 
Con  la  sangre  de  un  Dios  hasta  Dios  llego; 
De  pié  sobre  los  mundos  humillados 
En  sus  brazos  me  entrego; 
Con  el  sello  del  Cristo  sobre  el  labio, 
Con  solo  mi  bautismo 
Orgulloso  me  siento  ante  Dios  mismo. 

¡Dios  en  mi  corazón,  Dios  en  mi  frente! 
Siento  bullir  la  fe  en  mi  pensamiento; 

Mi  corazón  se  expande .... 
Por  la  primera  vez  mi  canto  siento 
Grande  nacer  y  levantarse  grande. 


¿fe 


'•;.■■  ■  - 


poesías  líricas. 


Canto  mi  fé,  orgulloso, 

Y  quisiera  á  mi  voz  dar  la  pujanza 

Del  rugido  furioso 
De  la  fiera  que  el- circo  estremecía 
Y,  con  robusta  garra  ensangrentada, 
Al  mártir  la  corona  le  cenia; 

La  entereza  sublime 
De  la  virgen  cristiana  que,  serena, 
Realizando  los  mitos  legendarios, 
Pisa  radiosa  la  sangrienta  arena- 
Señor:  yo  creo  en  Tí,  tu  nombre  adoro; 
Prosternado  venero  tus  misterios; 
Mi  razón,  de  tus  dogmas  tributaria. 
Se  doblega  ante  Tí,  forma  tu  coro 

Y  ansia,  cual  la  débil  procelaria, 
Oir  la  tempestad,  grande,  sin  vallas 

Y  pelear  en  el  mundo  tus  batallas. 

La  luz  de  tu  doctrina 
Que,  en  el  Calvario,  confirmó  tu  Cristo 
Con  su  sangre  divina, 
Deslumbre  mi  razón;  mi  fé  te  ha  visto 
En  el  nuevo  Siná  velar  tu  frente 
No  en  medio  del  volcan  impetuoso 

Y  ceñida  de  ravos  la  cabeza 


b» *m 

CREDO...!  | 


Sino  con  nube  de  dolor  sublime, 
Oprimida  la  frente  de  tristeza, 
Seco  el  labio  que  al  mundo  bendecía, 

Y  aterida  la  frente  ensangrentada 
Con  la  helada  aridez  de  la  agonía. 

Señor:  yo  creo  en  Tí;  mi  pecho  escuda 
La  fe  que  me  enseñaste; 

Y  jamas  vacilé;  jamas  la  duda 
Secó  mi  corazón  con  su  veneno; 
Firme  la  planta,  el  corazón  sereno, 

La  frente  enhiesta,  desprecié  al  sectario 
Que,  en  su  impiedad  sin  nombre, 
Hundida  en  polvo  del  error  nefario 
A  Tí  no  sabe  alzar  su  frente  de  hombre. 

Vi  rugir  á  mis  pies  las  tempestades 
Que  alzó  el  orgullo  de  la  ciencia  humana 
En  todas  las  edades; 
Y,  sobre  sus  escombros, 
Cubiertos  por  el  musgo  de  los  siglos, 
Se  alzd  mi  fé  mas  grande,  mas  ardiente, 
Como,  al  romper  los  diques,  el  torrente. 

Las^pasiones  templé  con  la  creencia, 
Siempre  temí  la  voz  de  la  conciencia, 


ir 


-■??; 


poesías  líricas. 


Y  del  ímpio  falaz  la  grita  insana 
Jamas  oscureció  mi  fé  cristiana. 

¡Mi  fé .  .  .  . !  ¡Cómo  en  el  mundo 
Habrá  quien  la  haga  vacilar  en  mi  alma 
Si,  á  su  solo  mandato, 
Vacilantes,  los  mundos  desfallecen 
O,  en  el  cénit  clavados,  se  estremecen! 
¡Si  ante  su  voz  temblando 
Callan  los  mares  y  su  seno  rompen; 
Brota  la  muerte  vida; 
Si,  á  su  acento,  la  gran  Naturaleza 
Sus  inmutables  leyes  olvidando 
Inclina  desarmada  la  cabeza! 

Por  ella,  las  cavernas 
Brotaron  á  torrentes  la  armonía; 
Irradióse  la  luz  de  los  desiertos, 

Y  la  razón  del  hombre,  antes  cegada, 
Columbró  ya  entreabierta 
De  los  misterios  la  inviolable  puerta. 

Por  ella,  ante  el  tirano, 
Entre  los  puros  labios  de  la  virgen, 
Se  hermanaba  el  dolor  con  la  sonrisa, 
Y,  cual  notas  lejanas  de  un  delirio, 

¿  jb 


— •m 

CREDO...! 


Recogí  ó  el  cielo  unidos 

El  himno  de  la  gloria  y  del  martirio. 

Ella,  frente  á  los  ojos  de  un  marino, 
Trazo7  aquel  derrotero  misterioso 
Que,  en  sus  garras  de  rayos,  oprimía 

El  secreto  profundo 
Que  un  mundo  le  negaba  al  otro  mundo. 

Ella  ahogo  el  arrastrar  de  las  cadenas; 
Hijo  de  Dios  se  despertó  el  esclavo, 
Que,  al  sentirse  hombre  y  grande  y  redimido, 
Alza  á  la  Libertad  el  primer  canto 
Que  escuchó  el  orbe  entero  estremecido, 

Como  en  dia  de  gloria 
Una  diana  triunfal  de  la  victoria. 

Y  ella,  para  ostentarse  ante  los  hombres, 
Llama  á  aquel  Dios  que,  al  realizar  su  idea, 
Sobre  el  espeso  caos  infecundo 
Órbitas  describiendo  que  aun  recuerda, 
En  su  vértigo  eterno,  cada  mundo, 
Hizo  que,  al  oir  su  voz,  anonadada, 

Su  seno  retorciendo, 
Paso  dejase  al  ser  la  misma  nada. 
Dios  á  su  acento  acude, 

é„ j4 


-&m 


poesías  líricas. 


Inclina  la  cabeza  ensangrentada, 
Dobla  la  espalda  herida, 
Y,  ofuscando  á  la  humana  inteligencia, 
Se  asienta  allí  radiante  mi  creencia. 

Esa  es  mi  fe,  que  con  orgullo  ostento, 
Depo'sito  sagrado 
Cuyo  sublime  asiento 
Es  la  cerviz  de  un  Dios  sacrificado. 

Dios  en  mi  corazón,  Dios  en  mi  frente, 
Eadiosa  con  la  luz  de  esa  creencia: 
Esa  es  mi  noble  aspiración  ardiente 
Que  bulle  abrasadora  en  mi  conciencia. 

¡Esa  es  mi  fé,  mi  juramento  santo, 
Ante  quien  ser  é  inteligencia  postro: 
Lo  lanzo  al  mundo ....  Si  mi  fé  quebranto, 
Lánzeme  el  mundo  su  anatema  al  rostro! 


1877 


JO 


IX 


¡MADRE    MIAI 


A  MI  HERMANO  ALEJAXDKO 


Como  en  templo  cerrado 

Que  guarda  mi  destino, 
Se  esconde,  entre  las  nieblas  de  mi  infancia, 
En  religioso  altar,  su  ser  purísimo. 

Si  en  el  combate  diario, 

Sólo  j  débil,  vacilo, 
Las  puertas  de  ese  templo  se  entreabren 
Y  suspira  una  voz:  "¡Sigue,  hijo  mió!'7 

JU __ J* 

i  r 


poesías  líricas. 


Yo  conozco  ese  acento 
Que  desmaya  en  mi  oido, 
Tierno  como  el  recuerdo  de  mi  cuna, 
Triste  como  el  adiós  para  el  martirio. 

¡Madre,  madre  adorada: 
Siempre  luchando  vivo! 
¿Por  qué  entonces  tu  voz  me  deja  solo, 
Y,  do  existió'  tu  amor,  hallo  vacío? 

Ni  un  recuerdo  siquiera 
De  tu  imagen  consigo; 
Ni  una  chispa  salvada  del  incendio 
Que  mi  dicha  abrasó  siendo  tan  niño. 

¡Qué  felices  los  hombres 

Que,  de  sufrir  rendidos, 

Pueden  decir  llorando:  "¡Madre  mía!'7 

Y  fundir  su  dolor  en  un  suspiro! 

Yo  no;  yo  marcho  solo; 
Lloro,  pero  escondido; 

Y  venero  tu  ser,  cual  se  venera 

El  inviolable  altar  de  un  sacrificio. 

Como  el  rito  mosaico, 


i'i 


gg* _ -m 

¡MADRE   MÍA! 


Todo  misterio  y  símbolos, 
Tu  recuerdo  sin  forma  en  mi  alma  engendra 
Un  culto  hacia  tu  ser,  casi  divino. 

Un  culto  no  me  basta: 
El  templo  está  vacío; 
En  los  templos,  se  adora  de  rodillas, 

Y  yo  quiero  tus  brazos:  ¡soy  tu  hijo! 

Dios  te  velo,  y  un  culto 
Impuso  á  mi  cariño; 

Y  no  hay  culto  en  el  mundo  sin  misterios 
Ni  altar  sin  holocausto  y  sacrificio. 

Madre  mia:  mis  lágrimas 

Borren  antiguos  ritos; 
Rasgue  tu  imagen  el  sagrado  velo; 
Brote  la  luz  del  fondo  del  abismo. .  . . 


El  templo  del  sepulcro 
Cerrado  está  á  los  vivos .... 
¡Qué  hermosa  redención  hallará  mi  alma 
Cuando  yo  toque  los  umbrales  fríos! 


í.?> 


poesías  líricas. 


Llegaré  aun  cubierto 
Del  polvo  del  camino, 

Y  te  hallaré,  al  final  de  mi  jornada, 
Sentada  sobre  el  borde  del  abismo. 

Por  fin  entre  tus  brazos 
Descansaré  tranquilo 

Y  verteré  en  tu  seno,  madre  mia, 

El  llanto  que  en  el  mundo  no  he  vertido. 


-*j¡ 


14 


III 


TU    Y    YO. 


Perfume  de  una  flor  que,  al  desprenderse, 
Ni  una  hoja  de  sus  pétalos  lastima; 
Tibio  efluvio  de  luna  de  verano 
Que  en  el  disco  plateado  se  destila; 
Calor  de  una  mirada  de  ternura 
Que  atraviesa  inocente  unas  pupilas; 
Roce  de  una  alma  que,  buscando  otra  alma, 
En  sí  misma  sin  ruido  se  desliza: 

Eso  es  tu  aliento 

Cuando  suspiras. 


J5 


poesías  líricas. 


Lágrima  que,  oscilando  sobre  el  alma, 
Se  evapora  al  calor  del  dolor  mió; 
Bumor  de  oleage  que,  en  desierta  orilla, 
Eueda  mugiendo  entre  escarpados  riscos; 
Ave  que  huye  y,  al  volar  llorando, 
Quiebra  la  rama  en  que  dejó  a  sus  hijos; 
Nota  que,  al  desprenderse  de  una  cuerda, 
Deja  al  pobre  laúd,  temblando,  herido: 

Eso,  tan  triste, 

Son  mis  suspiros. 


xsr 


EL    DOLOR 


¡Que  siga  el  mundo  en  su  vaivén  eterno 

Rodando  en  el  vacío! 
De  lejos  lo  veré,  sin  que  la  bruma 
De  pasiones  que  arrastra  en  su  carrera 
Yenga  á  turbar  el  pensamiento  mió. 

Solo  con  su  memoria, 
Lejanos  ecos  de  doliente  canto, 
El  himno  oiré  de  su  dolor  j  llanto 
Y,  escrita  en  él,  lamentaré  su  historia. 

Allá  va  el  mundo  nuestro; 
Negro,  perdido  en  los  espacios,  flota 


17 


Wat- 


poesías  líricas. 


Con  una  ondulación  eterna  y  muda, 
Envuelto  en  gasa  desteñida  y  rota 
De  esperanzas  perdidas  y  de  duela; 
Y,  sobre  todos  tétrico  y  sombrío, 
Cerniéndose  impasible  sobre  el  polo, 

Dolor,  el  dolor  solo 
Lo  empuja  por  los  senos  del  vacío. 

¡Memorias  del  pasado, 
Vago  recuerdo  de  mi  antiguo  mundo: 
Dejad  del  globo  las  espesas  nieblas 
Do  en  confuso  tropel  habéis  girado! 

Recuerdos  de  dolor:  tocad  mi  frente; 
Tranquilo  estoy;  mi  evocación  ardiente 
No  es  hija  ni  del  odio  ni  el  despecho; 
Que  llegue  á  mí  vuestra  legión  callada, 
Que,  si  al  tocarlo,  lastimáis  mi  pecho, 
Un  dolor  mas  habrá ....  ¡no  importa  nada! 

Canto  al  dolor.  ¿Sabéis  lo  que,  en  el  mundo, 

Esa  palabra  encierra? 
Yo  no  lo  sé;  pero  es  algo  escondido 

Que,  en  su  siniestra  calma, 
Cuando  se  siente  el  corazón  herido, 
Hecha  girones  nos  anuncia  el  alma. 


83#- 


18 


m& ■ *m 

EL  DOLOR. 


Nadie  cantó  al  dolor;  el  aura  leve, 
Cuando  muere  la  tarde, 
A  remedarlo  en  su  rumor  se  atreve; 
Busca  su  ritmo,  al  suspirar,  el  ave; 
Los  bosques,  susurrándolo,  acompañan 
Los  gemidos  del  dia  moribundo; 
La  hoja,  que  se  arrastra,  lo  murmura; 
La  noche,  al  escucharlo,  se  apresura, 

Y  nunca  aprende  su  canción  el  mundo. 
Pero  el  que  siente  el  corazón  herido 

Y  ahogada  en  sus  recuerdos  la  cabeza 

Oye,  en  cada  latido, 
Un  canto  de  dolor  y  de  tristeza. 


El  dolor  no  se  canta: 
Se  ve,  se^sufre  y,  al  cantar,  se  llora. 
De  la  existencia  en  la  inocente  aurora, 

La  lagrima  del  niño, 
Presagiando  dolores,  se  desliza,' 
Y,  cuando  el  hombre,  pálido,  abatido, 
Eecoge  de  las  manos  de  la  muerte 
La  última  herencia  del  mortal  caído, 
Le  alza  también  la  piedra  de  su  fosa 
Una  lágrima  amarga  y  misteriosa. 

y* ! _ _= <®g 

19 


poesías  líricas. 


¡Eso  es  dolor!  Nacer  entre  sollozos, 
Vivir  entre  deshechas  ilusiones, 
Morir ....  Esa  es  la  historia 
Del  ser  fugaz  de  la  mundana  escoria. 

Mas,  hay  dolor  dulcísimo  y  tranquilo, 
Que  el  mundo  loco  á  comprender  no  alcanza; 
Dolor  que  engendra  el  Dios  de  la  esperanza, 

Dolor,  sublime  anhelo, 
Que  nace  aquí  para  volar  al  cielo. 

¿Viste  una  madre  contemplar  callada 
Una  cuna  vacía 

Y  una  lágrima  diáfana,  abrasada, 
Temblorosa  brillar  en  su  pestaña, 
Que  un  algo  vago,  misterioso,  entraña, 

Reflejada  en  su  lánguida  pupila? 
Leed:  allí  está  escrito 
Tocio  un  poema  de  dolor  bendito. 

¡Cuan  dulce  es  el  dolor  que,  allá,  ^en  su  aurora, 
Encuentra  una  mujer  que  lo  comprende, 
Un  ángel,  que  al  llamarla:  ¡madre  mia! 
Lágrimas  con  su  llanto  nos  alcanza 

Y  en  nuestro  pecho  enciende 
El  apagado  hogar  de  la  esperanza! 

$3£«- ' — — *&& 

20 


Qg* ->»<#; 

EL  DOLOR. 


Huérfanos  desgraciados: 
Vosotros,  cuya  frente  no  ha  sentido 
El  puro  beso  del  amor  materno, 
Primicias  del  dolor,  habéis  sufrido; 
¡Sabéis  lo  que  es  dolor,  sin  conocerlo! 
¡Ah!  ¡lo  conoceréis!  Correrá  el  tiempo 
Y  en  el  alma  hallareis  hielo  y  vacío, 
Cuando  busquéis  do  reclinar  la  frente 

Y  una  lágrima  amiga 
Para  calmar  el  desamor  impío 
Con  que  el  mundo  á  sus  víctimas  castiga. 
Recordad  la  canción  del  que,  en  su  cuna, 
Huérfano  se  llamó,  sin  comprenderlo, 
Cuando  esa  dulce  aspiración  del  alma 
Vuestro  marchito  corazón  taladre: 
Yo  sé  lo  que  es  dolor ....  ¡yo  tuve  madre 


Recuerdos  de  esperanza, 
Vago  futuro  que  el  espacio  pueblas, 
Disipad  del  dolor  las  negras  nieblas, 
Que  cantar  mas  el  sinsabor  no  puedo. 
Recuerdos  de  dolor ....  ¡os  tengo  miedo! 

¡No  mas  dolor;  el  corazón  sediento 
Tras  los  recuerdos  de  dolor  y  duelo 
Para  apagar  su  sed  busca  consuelo! 


í^.v" 


21 


poesías  líricas. 


Hay  consuelo  al  dolor;  mas  ¡ay  del  triste 
Que  al  mundo  á  demandarlo  se  ha  llegado! 
El  corazón  marchito,  envenenado, 

Lágrimas  sdlo  implora; 
Solo  es  dado  ofrecer  llanto  al  que  llora. 

Y  él  no  sabe  llorar;  el  mundo  rie; 

De  su  consuelo  emblema, 

líos  brinda  su  sonrisa, 
Mas  sonrisa  glacial  que  agosta  y  quema, 

Presagio  de  dolores, 
Sarcasmo  helado  que  nos  miente  amores. 

El  no  sabe  llorar;  revuelta  orgía, 

Eterna  bacanal  desenfrenada, 
El  ¡ay!  de  la  agonía 

Mezclado  con  la  ronca  carcajada, 

Como  marcha  triunfal  sus  pasos  guia. 

Mata,  envenena,  la  ilusión  sepulta, 
Mas  ¡ay  de  los  que  lloran! 

El  que  llora  en  el  mundo,  al  mundo  insulta. 

Mas,  es  fuerza  llorar;  entre  el  violento 
Bramar  de  las  tormentas  de  la  vida 
El  Dios  de  la  virtud  y  el  sufrimiento 
Nos  ofrece  un  asilo, 


m&- 


|£<9§> ^ 

EL  DOLOR. 


Como  Él,  nido  de  amor  puro  y  tranquilo; 

Solo,  solo  en  su  seno 

Podremos  dulcemente 
Dejar  caer  la  lacrimosa  frente. 

Despojos  del  dolor,  hijos  del  mundo: 
¡Llorad  con  la  esperanza  del  cristiano! 
Las  lágrimas  que  suben  hasta  el  cielo 
Beben  en  él  consuelo, 

Y  descienden  al  alma 

En  nubes  frescas  de  celeste  calma. 

Recordad  que  del  Cristo 
Jamas  la  risa  estremeció  los  labios; 
Fueron  rastro  de  lágrimas  sus  huellas, 

Y  dejó  sobre  el  mundo 

Su  Evangelio  de  amor  escrito  en  ellas. 
Recordad  que,  admitiendo  nuestra  herencia, 
Sublimando  el  dolor  con  su  martirio, 
Allá,  en  la  cima  del  Calvario  santo, 
Una  Madre,  al  llorar,  bendijo  el  llanto. 


¡as, . : J 


LA  INSPIRACIÓN. 


Sueños  que  no  se  sienten 
Y  dejan  de  su  vida 
La  huella  que,  en  las  olas, 
La  imagen  de  una  flor; 
Desconocido  rastro 
Que  aun  transparenta  el  alma 
Cual  guardan  las  pupilas 
Una  impresión  de  amor: 

Así  es  la  calma 
Del  corazón; 
Así,  al  despertar,  sorprendo 
La  inspiración. 


25 


poesías  líricas. 


Recuerdos  sin  imagen; 
Ternura  sin  recuerdo; 
Latidos  que  remedan 
El  ritmo  de  un  laúd: 
Lágrimas  que  no  lloran, 
Sonrisas  instintivas, 
Dulce  expansión  del  pecho 
Que  aspira  aroma  y  luz . .  . 

Así  es  la  dicha 
Del  corazón; 
A  sí  suspira  en  el  alma 
La  inspiración. 


Ansia  de  ver  la  tarde 
Bajar  entre  rumores; 
Seguir  la  última  crencha 
De  luz  crepuscular; 
Donde  otros  no  la  vieron, 
Buscar  la  poesía; 
Y,  en  apartados  sitios, 
Triste  y  solo  vagar .... 

Así  es  el  sueño 
Del  corazón; 


26 


LA  INSPIRACIÓN. 


Así  sus  lágrimas  vierte 
La  inspiración. 


Entonces  bella  es  la  vida; 
El  cielo  azul  se  enrarece; 
Al  ósculo  de  Dios,  se  eleva  el  alma 
Y,  en  transparente  sueño,  se  adormece. 


Enfermedad  sin  nombre, 
Que,  de  la  sombra,  arranca 
Oleadas  de  visiones, 
Leyendas  sin  color; 
Palpitación  que  imita 
Un  lento  toque  a  muerto; 
De  objetos  sin  espíritu, 
Nerviosa  animación .... 

Así  es  la  fiebre 
Del  corazón; 
Así,  en  mis  vigilias,  siento 
La  inspiración. 


27 


y 


poesías  líricas. 


Misterios  de  elementos 
Que  no  son  misteriosos; 
Murmullo  sordo  y  raro 
De  conocida  voz; 
Revolución  de  ideas 
Que  nacen,  chocan,  mueren 
Como  arenal  de  fuego 
En  ciega  agitación. . . . 

Así  es  la  noche 
Del  corazón; 
Así,  en  mis  congojas,  siento 
La  inspiración. 


Deformes  concepciones, 
Rostros  que  el  aire  engendra 
Y,  al  mas  leve  ruido, 
Se  disuelven  en  sí; 
Iluminadas  líneas 
De  seres  casi  informes, 
Suspiros,  carcajadas, 
Entre  íntimo  gemir; 

Así  es  el  vértigo 
Del  corazón; 


28 


LA  INSPIRACIÓN. 


Así  en  mis  insomnios  siento 
La  inspiración. 


Entdnces  negra  es  la  vida, 
Ruga  la  esperanza  el  ceño, 
Y  los  engendros  de  la  noche  dejan 
Los  párpados  abiertos  y  sin  sueño. 


29 


8»- 


^TI 


VEINTE  AÑOS. 


¿Sabes  qué  son  veinte  años,  alma  mía, 
Que  han  pasado  por  mí? 
Veinte  años  es  un  ser  con  la  cabeza 
Llena  de  planes,  gloria,  frenesí; 
Llena  el  alma  de  fuego,  de  alegría, 

Y  una  que  otra  tristeza  juvenil: 

Lleno  el  casco  de  Patria,  de  esperanzas, 

Y  todo  el  corazón lleno  de  tí. 


-VII 


BELLINI 


A  AUGUSTO  T.  8ERRALTA 


Misterio  de  una  música  lejana, 
Arrullo  de  una  tarde  que  dormita, 
Llanto  de  un  ángel,  al  helar  la  muerte 
Entre  sus  labios,  la  postrer  sonrisa; 

Latido  de  dolor  de  un  inocente, 
Encarnación  de  un  rayo  de  armonía, 
Todo  se  unid  y,  en  la  visión  de  un  genio, 
En  germen  fué  la  trasparente  Amina. 


33 


poesías  líricas. 


Hollando  el  éter,  sin  mover  sus  átomos, 
Resbalando  en  la  sombra,  sin  herirla, 
El  genio  la  miró;  le  infundió  su  alma, 

Y  aquel  girón  de  luz  latid  con  vida. 

Nació,  y  envuelta  en  su  cendal  de  espumas 
El  ritmo  de  los  átomos  bebia, 

Y  cual  absorbe  el  alma  una  esperanza 
Lo  infiltraba  en  la  frente  del  artista. 

El  escuchó'  los  ecos  de  su  alma,  . 
Que  otra  alma  de  mujer  repercutía, 

Y  al  mundo  los  lego.  Murió  Bellini 
Pero  su  alma  inmortal  vive  en  su  Amina. 


^TIII 


SIEMPREVIVAS 


;A  las  flores,  emblema  de  la  muerte, 
Las  llaman  siemprevivas! .... 
¿0  será  porque  el  vaho  de  las  tumbas 
Sus  ya  marchitas  hojas  no  marchita? 

Al  no  poder  llorar,  rien  los  hombres 
Y,  al  mirarlos  pasar,  causan  envidia. 
¡Siemprevivas!  si  el  bien  tiene  su  llanto, 
También  tiene  el  dolor  su  amarga  risa. 


ÉN* — «A 


r * 


i:x 


SILENCIO  DEL  ALMA. 


¡Qué  buenos  son  los  niños!  De  ventura 
Un  mundo  en  mi  niñez  forjé  inocente; 
Y  soñé  un  porvenir  lejos  r'iente 
Llamarme  y  ofrecerme  su  ternura. 


Alma  de  niño,  en  mi  infantil  locura 
Creí  en  la  dicha  que  el  placer  nos  miente. 
Y,  al  ver  volar  los  años  por  mi  frente, 
Me  gozaba  en  su  muerte  y  su  premura. 


-->;& 


&*- 


poesías  líricas. 


No  eres  ya  niño,  corazón;  perdiste 
El  candor  que  brillaba  en  tu  papila: 
¿Y  eres  feliz?  ¿siquiera  menos  triste?. 


Calla,  enmudece  el  corazón  ahora; 
Pero,  en  su  amarga  soledad  tranquila, 
Mira  hacia  atrás,  se  reconcentra  y.  .  .  .  llora. 


ítié 


38 


r- 


:x: 


BUSCAD  AL  ÁNGEL... 


A  JUAN  R.  SALA.S  E. 


Como  un  germen  de  luz  entre  un  abismo 
A  intervalos  brillaba  en  sus  pupilas; 
Y  jugaba  un  suspiro  entre  sus  labios, 
O  un  íntimo  dolor,  6  una  sonrisa. 

Miraba  cara  á  cara  algún  misterio; 
Las  leyendas  del  cielo  acaso  oia; 
Y,  vagando  tras  seres  intangibles, 
Era  notas  y  luz  su  sombra  misma. 


39 


poesías  líricas. 


-^íV: 


Me  acerqué.  Como  avaro  su  tesoro, 
Cual  sus  hojas  la  oscura  sensitiva, 
Guardo'  su  inspiración  dentro  del  alma 
Y  el  ángel  fué  mujer,  ser  de  esta  vida. 


¿Queréis  sublime  á  la  mujer  amada? 
Alejad  este  mundo  de  su  vista; 
No  busquéis  la  mujer,  buscad  al  ángel, 
Que  las  almas  no  ven  pero  adivinan. 


40 


»— 
w 

:x:i 

FOCOS. 

Sentado  jo  á  tus  pies,  con  la  cabeza 
Inmóvil,  apoyada  en  tus  rodillas, 
Y  bebiendo  de  tu  alma  la  inocencia, 
Asomada  en  la  luz  de  una  sonrisa; 

Sentir  un  cielo  de  ternura  inmensa 
Brotar,  iluminando  tus  pupilas, 
Y,  al  vibrar  tus  suspiros  en  mi  alma, 
Sentirla  de  placer  desfallecida; 

Eespirar  tu  pureza  en  tu  mirada, 
Hasta  á  mi  mismo  amor  tener  envidia, 

*1 

$&— 

«M 

41 


poesías  líricas. 


Ángel  mió,  en.  mis  sueños  de  poeta, 
Así  yo  concebí  la  poesía. 


El  roce  de  dos  almas  al  unirse 
En  el  silencio  del  amor  dormidas 
Dejar,  abandonado  á  sus  encantos, 
Eesbalar  melodioso  por  mi  lira; 

Oir  á  esas  dos  almas  que  se  nombran 
En  íntimo  lenguaje  de  armonías 
Y  al  fin  reconocer  el  alma  tuya 
Palpitando  en  la  mia  refundida; 

Oyendo  dos  latidos  de  ternura, 
Bebiendo  toda  su  cadencia  rítmica .... 
Ángel  mió,  en  mis  sueños  de  poeta, 
Así  yo  sé  cantar  la  poesía. 


Fundir  en  un  suspiro  de  los  tuyos, 
Llena  de  amor,  una  existencia  mia, 
Y  hacerla  resbalar  sobre  ilusiones 
Al  empuje  ideal  de  tus  caricias; 


c^- 


42 


-4i-B 


FOCOS. 


% 


Velar  tu  sueño  en  las  calladas  horas 
Y,  á  los  amores  que  en  tu  frente  giran, 
Decirles  que  te  digan  al  oido 
Muí  quedito  dulcísimas  mentiras, 

Eso  te  ofrece  una  alma  de  poeta 
Que,  llamándote  siempre  desvalida, 
Te  nombra  en  los  suspiros  de  las  auras 
Por  beber,  en  tu  amor,  la  poesía. 


&?*— «jg 

43 


IXIII 


PASO! 


¡Dios  mió,  ya  veinte  años!  ¡Cómo  quedan 
En  los  brazos  sin  vida  del  pasado! 
Risa,  llanto,  placer,  gloria,  inocencia. .  . . 
¡Todo  es  hoy  un  montón  de  veinte  años! 


En  él  un  mundo  fermento  de  ideas; 
De  convicciones  me  dejó  su  rastro; 
Siento  bullir  anhelos  y  esperanzas; 
Y  me  siento  mayor.  ¡Soy  mas  cristiano! 


45 


gpg, 

á 

poesías  líricas. 


¡Adelante!  De  pié  sobre  las  ruinas 
De  los  anos  de  vida  que  pasaron, 
Te  ordeno,  Porvenir:  ¡Paso  á  la  idea! 
Firme  y  tranquilo  voy. . . .  ¡ábreme  paso! 


46 


22:111 


m  BRAZOS  DEL  DESALIENTO. 


Reminiscencias  del  alma, 
Melancólicos  recuerdos, 
Vestigios  de  un  bien  perdido, 
De  mi  dicha  tristes  restos: 


¿Qué  queréis?  Dejadme  solo, 
No  mas  desgarréis  mi  pecho; 
¡Idos!  ¿por  qué  así  ensañaros 
En  mi  triste  desconsuelo? 


47 


-8 


poesías  líricas. 


Si  una  lágrima  á  mis  ojos 
Arrancar  es  vuestro  intento, 
Dejadme  ¡por  Dios!  dejadme, 
Porque  llorar ya  no  puedo. 

Ya  no  lloro;  con  la  dicha 
Mis  lágrimas  se  extinguieron. 
Niño,  el  llanto  yo  esquivaba, 
Lo  busco  ahora ....  y  no  lo  encuentro. 


¿No  veis  que  el  llanto  es  emblema 
De  esperanzas  y  consuelos, 
Y  mi  esperanza  vacila, 
Mis  ilusiones  han  muerto? 


¿No  veis  mi  dicha  ofuscada, 
Disipados  mis  ensueños, 
Cómo  en  sus  brazos  me  oprime 
La  realidad  del  destierro? 


& 

•<■-•<- 


Tuve  patria,  hogar,  amigos: 
Ahora,  tengo  su  recuerdo, 
Prenda  sola,  sola  y  triste 
Que  de  mi  dicha  conservo. 


48 


f*  ■ 

^f 

EN  BRAZOS  DEL  DESALIENTO. 

Tuve  un  amor  ilusorio, 

Puro  j  ardiente  misterio 

Que  los  ojos  traicionaron 

Y  el  alma  guardó  en  secreto. 

Herencia  de  mi  niñez, 

Niñez  de  mis  sentimientos, 

Luz,  calor,  vida,  armonía, 

Del  mundo  de  mis  recuerdos. 

Todo  lo  mira  mi  alma 

Como,  llorando  en  silencio, 

De  una  barca  que  se  aleja 

Se  oye  el  compás  de  los  remos. 

Todo  bulle  en  mi  cabeza, 

Todo  palpita  en  mi  pecho; 

¡Por  eso  me  duele  tanto, 

Que  para  tanto ....  es  pequeño! 

Dios  mió,  por  ellos  paso 

Mis  largas  noches  sin  sueño; 

Entre  las  risas  del  mundo 

Mi  alma  vive  en  un  desierto. 

fe — 

m 

49 


poesías  líricas. 


&8*- 


¿Y  ellos,  en  cambio,  al  amigo 
Recordarán,  de  otro  tiempo? 
¿Por  mí  alzarán  su  plegaria, 
Como  yo  la  alzo  por  ellos? 


Sí:  conservar  mi  memoria 
Al  partir  me  prometieron, 
Cariño. . . .  también  cariño; 
Pero  están  lejos. .  . .  ¡tan  lejos! 


Tan  lejos,  y  estoy  tan  triste, 
Que  dudo,  vacilo  y  temo; 
¡Lleva  un  recuerdo  á  los  mios, 
Virgen,  madre  de  los  buenos! 

Duda  cruel  que  me  atormentas 
Con  tus  fantasmas  siniestros: 
¿Quién  eres?  ¿quién  te  lia  prestado 
Tanta  cabida  en  mi  pecho? 

Es  la  voz  de  la  tristeza, 
Patrimonio  del  destierro; 
De  una  alma  sola,  muy  sola 
Los  mentirosos  acentos. 


50 


EN  BRAZOS  DEL  DESALIENTO. 


-&m 


Reminiscencias  del  alma, 
Melancólicos  recuerdos, 
Vestigios  de  un  bien  perdido, 
De  mi  dicha  tristes  restos. 


Santiago,  18  de  Abeil  djb  1874. 


51 


*¡ 


-<#*£ 


xi-sr 


EL  HIMNO  DEL  CIELO. 


A  tícente  aguirre  vargas 


¡Cuántas  veces,  perdiendo  la  conciencia 
De  que  transcurre  el  tiempo, 
Sentimos  una  vida  indefinible 
Animar  un  momento  nuestro  cuerpo! 

Miran  sin  ver,  brillantes  las  pupilas, 
Distante  los  objetos; 
Y,  el  alma  indiferente,  no  distingue 
Ni  forma,  ni  color,  ni  movimiento, 


5Ó 


POESÍAS   LIRICxVS. 


Se  parece  á  la  vida  de  los  niños 
Y  á  la  niñez  del  viejo. 
Y,  en  el  sueño  tranquilo  de  la  tierra, 
Deben  soñar  así  todos  los  muertos. 


Después  de  ese  intervalo  sin  carácter, 
De  vigilia  ni  sueño,  ■ 
Vahído  de  la  mente  que  enrarece 
Y  hasta  disuelve  en  sí  los  pensamientos; 

Al  volver  á  la  vida,  alguna  lágrima 
En  mis  ojos  encuentro; 
Lágrima  que  no  llora,  y  que  engendraron 
Quién  sabe  de  qué  mundo  qué  misterios. 


¿Quién  la  dejó  en  mis  ojos?  ¿qué  gemido 
La  arrancó  de  mi  pecho? 
¿Dónde  fué  mi  alma,  que  volvió  con  lágrimas 
Mientras  estaba  yo  de  llanto  ageno? 


Quizá,  cuando  las  almas  un  instante 
Abandonan  el  cuerpo, 
Recogen  esos  llantos  de  los  hombres 
Que  evapora  el  dolor  en  el  silencio; 


54 


EL  HIMNO  DEL  CIELO. 


Los  suspiros  que  el  mundo  no  comprende 
Y  que  condensa  el  cielo, 
Los  ayes  de  expiación  que  no  se  escuchan, 
Los  gemidos  ahogados  en  secreto. 

Ese  mundo,  que  vaga  por  la  tierra, 
De  amargo  sentimiento; 
Que  piensan  los  felices  que  se  pierde 
Mas  que  no  muere,  porque  Dios  es  bueno. 

Todo  vive:  las  lágrimas  del  mundo 
Son  el  himno  del  cielo, 
Y,  al  concluir  el  festin  de  los  dichosos, 
Ese  himno  se  alzará;  todos  lo  oiremos. 


t 


-«a 


55 


;»■ 


r>U 


^Z"V 


VESTALES, 


Tomo  tus  flores  secas;  pienso  y  lloro. . . , 
Al  reclinar  en  ellas  mi  cabeza, 
¿Por  qué  siento  una  almohada  de  pureza, 
De  frescura,  de  aroma,  de  ilusión? 

Es  que  el  recuerdo  y  el  tranquilo  llanto, 
Vestales  que  custodian  los  amores, 
Dan  vida  y  dan  perfumes  á  las  flores 
Que  la  nieve  del  tiempo  marchitó'. 


57 


zz.srT 


CANTOS  Y  PUPILAS. 


La  noche  estaba  oscura,  muy  oscura . 
Me  dijeron  después  que  era  la  vida. 
Un  rio  vi  ante  mí  y,  en  la  otra  margen, 
Algo  como  el  fulgor  de  dos  pupilas; 

Y  sentí  de  lejanos  labradores 
La  confusa  y  alegre  algarabía, 

Y  los  cantos  que,  al  ir  á  sus  faenas, 
Cantan,  al  hombro  las  pesadas  picas. 


Los  cantos  revelaban  una  aurora, 
La  aurora  de  la  dicha. 
¿Las  pupilas  aquellas  eran  tuyas? 
¡Entdnces  esa  aurora  era  la  mia! 


59 


w 

' 

^| 

:xv^ri 

• 

CANTARCILLO. 

¡Montañas  y  montañas! 

¡Y alies  y  valles! 
¡Tropezar  siempre  el  alma 

Con  rocas  grandes! 

¡Qué  triste  es  esto 
Donde,  entero  y  sin  vallas, 

No  se  ve  el  cielo! 

¡Ah!  si  vierais  mi  patria! 

Tiene  arroyuelos, 
Tiene  orillas  de  flores 

i 

ife* 

Y  un  cielo  inmenso. 

-m 

61 


poesías  líricas. 


jAh!  si  la  vierais 
Con  sus  colinas  verdes 
Y  sus  palmeras! 


Orillitas  queridas 

Del  Uruguay, 
¡Qué  lindas  las  oleadas 

Vienen  y  van! 

Se  van  y  vienen 
Como  al  alma  la  dicha 

Que  al  nacer  muere. 

Tocan  en  la  ribera, 

Suaves  murmuran; 
Pero  se  van,  dejando 

Rumor  y  espuma. 

Así  el  recuerdo 
Es  la  espuma  del  alma, 

Del  hogar  lejos. 

Besando  de  soslayo 
Las  frescas  aguas, 

Girando  revoltosas 
Las  brisas  andan; 

62 


-&m 


CANTARCILLO. 


Las  picaruelas, 
Escondiendo  la  mano, 
Tiran  la  piedra. 

Mis  visiones  de  niño, 

Como  ellas  lindas, 
Como  ellas  inocentes, 

Fueron  un  dia.. 

Niñez  y  brisas: 
¿Por  qué  siendo  tan  bellas 

Andáis  tan  listas? 

Y  oleaditas  y  espumas, 

Rumor  y  brisas, 
Me  dicen,  cuando  busco 

Dichas  perdidas: 

Solo  las  hay 
Orillitas  queridas 

Del  Uruguay. 


¡Qué  triste  está  la  tarde! 

¡Qué  triste  el  alma! 
¡Qué  triste  ese  tañido 

De  la  campana! 


poesías  líricas. 


¡Ah!  no  estoy  ya 
Orillitas  queridas 
De  mi  Uruguay. 

¡Montañas  y  montañas! 

¡Talles  y  valles! 
¡Tropezar  siempre  el  alma 

Con  rocas  grandes! 

¡Qué  triste  es  esto 
Donde,  entero  y  sin  vallas, 

No  se  ve  el  cielo! 


* 
♦  * 


Silencio  y  desencanto, 
Montañas  altas, 

Y  lejos  ¡ay!  muy  lejos, 

La  dulce  patria 
No  tengo  mas, 

Y  un  recuerdo  adorado 

De  mi  Uruguay. 

Si  pudiera  esos  montes 
Echar  muy  lejos 

Y  descoger  la  sombra 

Que  enluta  el  cielo; 


64 


£4 


^ 

CANTARCILLO. 


Así  quizá 
Las  orillitas  viera 
De  mi  Uruguay. 


* 


¡Adiós,  visiones  locas, 

Bellos  encantos, 
Reminiscencias  dulces 

De  un  bien  pasado: 

Huid,  volad! 
¡Ay!  adiós,  orillitas 

De  mi  Uruguay! 


fe ; ; 4' 

65 


2s:"\riii 


MOISÉS 


(POEMA  DE  ALFREDO  DE  VIGNI) 


1   DON   RAMÓN   ANJEL   JARA 


L 


El  sol  rozaba  con  las  tiendas  blancas, 
Su  rayo  moribundo  y  declinante, 
Cendal  dorado  que  en  los  aires  deja 
Cuando,  en  lecho  de  arenas,  va  á  acostarse, 
Eevistiendo  su  pálido  reflejo 
La  campiña  de  púrpura  y  de  jalde. 


67 


poesías  líricas. 

í 

Moisés,  hombre  de  Dios,  trepa  en  silencio 

De  Nebo  el  monte,  en  su  tristeza  grande; 

Se  detiene,  y  tranquila  la  mirada, 

Por  el  vasto  horizonte  humilde  esparce. 

Distingue  a  Phasga  envuelta  en  sus  higueras 

Y,  sentados  al  borde  ele  los  valles, 

A  G-alad,  Manases  y  Efrain  mira 

Entre  vegas  risueñas  y  feraces, 

Y,  arrullando  á  Juclá,  la  mar  dormida 

En  sus  yermos  y  extensos  arenales. 

i 
Mas  allá  tiembla  Neftalí  en  la  sombra 

Al  rumor  de  sus  tristes  olivares; 

En  su  planicie  de  odorantes  flores, 

A  Jerico  abanican  los  palmares, 

Y,  hasta  Segor  sus  busques  alcanzando, 

Phogor  extiende  sus  colinas  suaves. 

i 
Vio  la  tierra  feliz  que  su  sepulcro 

No  admitirá  jamas;  Moisés  lo  sabe; 

Triste  miró;  su  mano  á  los  Hebreos 

Tendió  potente  y  prosiguió  adelante. 

So*- *m 

68 


MOISÉS. 


-;?-"; 

f 


II, 


En  tanto,  el  campo  ele  Moab  llenando, 
Reunido  al  pié  de  la  montaña  santa, 
Como  mies  sacudida  por  el  viento, 
Israel  en  el  valle  se  ajitaba. 


Desde  la  hora  en  que  el  prístino  rocío 
La  sed  de  las  arenas  fresco  apaga, 
Y  columpia  sus  perlas  temblorosas 
Que  la  noche  lloro'  sobre  las  ramas, 


A  hablar  con  el  Señor  había  partido 
El  anciano  profeta,  triste  el  alma, 
Y,  á  los  rayos  ele  luz  de  su  cabeza, 
Seguía -el  pueblo  aun  con  la  mirada. 


Moisés  alcanza  la  sublime  cumbre 
Y,  í  la  nube  de  Dios,  su  frente  horada 
Que  el  monte  de  relámpagos  corona 
Y  de  silencio  y  misteriosa  calma. 


09 


■M 


poesías  líricas. 


Arde  el  incienso  en  el  altar  de  piedra; 
De  las  espiras  por  el  sol  doradas 
A  la  sombra,  las  frentes  en  el  polvo, 
Los  cantares  de  Dios  el  pueblo  canta. 


Los  hijos  de  Leví  sobre  las  turbas, 
Con  sus  arpas,  los  cantos  acompañan, 
Entre  arenal  revuelto,  semejando, 
Un  bosque  de  ciprés  que  se  levanta. 


III. 


Y,  ante  el  Dios  de  Siná  de  pié  el  profeta, 
Cara  á  cara  le  habló  en  la  nube  oscura: 
— Señor:  ¿mi  vida  inquieta 
Jamas  acabará?  Yiví  potente, 
Profunda  soledad  mi  vida  encierra; 
Dejad  que  duerma  mi  cansada  frente 
El  sueño  soporoso  de  la  tierra 
¿Qué  os  hice  yo,  Señor,  para  que  hicieseis 

De  mí  vuestro  elegido? 
Vuestro  pueblo  llevé  do  lo  quisisteis; 


70 


MOISÉS. 


Llegó,  por  fin,  al  suelo  prometido. 

De  vos  á  él  la  mediación  divina 

Que  otro   acepte  por  mí;  que*  enfrene  otro 

De  ese  Israel  el  indomable  potro, 

Y  yo  le  lego  entonce 
Mi  libro  y  mi  inmortal  vara  de  bronce. 


IV. 


¿Por  qué  quisiste  la  esperanza  mia, 
De  ser  hombre  feliz  en  mi  ignorancia, 

Desvanecer  un  dia, 
Si  desde  el  Nebo  hasta  la  roca  fuente 
Tumba  no  hallé  para  mi  helada  frente? 
Sabio  entre  sabios,  del  errante  pueblo 
Los  pasos  dirijí;  sobre  los  reyes 
Mi  voz  hizo  llover  lluvia  de  fuego 

Y  el  porvenir  muy  luego 
Arrodillado  adorará  mis  leyes. 
Abrí  la  tumba  del  mortal  primero 
Y  la  muerte,  en  mi  voz,  halla  un  acento 

Profético  y  austero. 
Soy  grande,  soy  muy  grande .... 


71 


-w 


poesías  líricas. 


Mi  pedestal  coloso, 
Que  ante  mi  ser  anonadado  yace, 

Son  pueblos  y  naciones: 

Mi  brazo  poderoso 
Generaciones  mil  hace  y  deshace. 

Viví,  Señor,  potente; 
Profunda  soledad  mi  vida  encierra; 
Dejad  que  duerma  mi  cansada  frente 
El  sueño  soporoso  de  la  tierra. 


V. 


De  los  cielos  penetro  los  secretos, 
Mando  á  la  noche  desplegar  sus  alas 

Y  á  mis  ojos  prestasteis 
La  fuerza  de  los  vuestros, 

Con  que  al  principio  el  caos  inflamasteis. 
Numeré  por  sus  nombres  las  estrellas 
Y,  á  un  leve  signo  de  mi  mano  alzada, 
Cada  una  se  presenta  apresurada. 

Y  mis  manos  impongo 

Del  nubarrón  en  la  abrasada  frente, 

Y  arranco  de  su  seno 


W1- 


MOISES. 


V 


De  las  tormentas  la  espumosa  fuente. 

Entrego  las  montañas 
A  las  alas  sin  rumbo  de  los  vientos; 
En  arenas  sepulto  las  ciudades 
Convertidas  en  yermas  soledades; 
Es  mi  planta  mas  fuerte  que  el  espacio, 
El  rio  de  las  aguas  sin  barrera 
A  mi  paso  detiene  su  carrera 

Y  sus  líquidos  montes  congelados, 
Son  de  mi  pueblo  colosal  palacio, 

Y  hasta  su  voz  bravia 
Calla  aterrada  al  escuchar  la  mia. 
Mi  pueblo  sufre  y  vuestras  leyes  pide; 
Alzo  mis  ojos;  vuestro  ser  sublime 
Llena  mi  ser;  y,  ante  mi  voz  tranquila. 
Se  vela  el  sol,  la  inmensidad  vacila; 

Los  ángeles  celosos 
A  mi  redor  anonadados  giran 

Y  os  miran  y  me  miran  y  se  admiran; 

Y,  Señor  poderoso, 
En  mi  gloria  y  poder  no  soy  dichoso. 
Me  hiciste  envejecer  grande  y  potente, 
Profunda  soledad  mi  vida  encierra, 
Dejad  que  duerma  mi  cansada  frente 
El  sueño  soporoso  de  la  tierra. 


m 


73 


poesías  líricas. 


VI. 


Así  que  vuestro  soplo 
Llena  al  pastor  en  medio  á  su  rebaño, 
Los  hombres  se  miraron 

Y  dijeron:  ¿quién  es?  nos  es  extraño. 

Y  los  ojos  bajaban 

Ante  los  mios  do  chispeaba  un  fuego 
Que  les  mostraba  en  mi  mirar  sombrío 

Algo  mas  que  mi  alma, 
Mas  que  el  antiguo  pensamiento  mió. 
La  amistad  y  el  amor  me  abandonaron; 
Y,  temiendo  morir  si  las  miraba, 

Las  vírgenes  huian 

Y  miedosas,  al  verme,  se  escondian. 
Envuelto  entonce  en  la  columna  negra 
Mi  ser  olvido,  mi  esperanza  inmolo 

Y  camino  ante  todos 

Triste  en  mi  gloria  j  en  mi  gloria  solo. 

Y  dije  al  corazón:  ¿qué  busco  ahora? 
Para  dormir  soñando  sobre  un  seno 

Mi  frente  es  muy  pesada; 
Mi  mano  deja  el  hielo 
En  la  mano  que  toca, 


74 


f*- 


MOISÉS. 


En  mi  acento  retiembla  la  tormenta 
Y  fulgura  el  relámpago  en  mi  boca. 

Y  así,  lejos  de  amarme, 
Helas  allí  temblando  anonadadas 

Y,  cuando  abro  los  brazos, 
Caen  á  mis  plantas  mudas  y  aterradas. 

Yiví,  Señor,  potente, 
Profunda  soledad  mi  vida  encierra; 
Dejad  que  duerma  mi  cansada  frente 
El  sueño  soporoso  de  la  tierra. 


VII. 


Temiendo  el  pueblo  en  tanto 
Del  Dios  celoso  las  tremendas  iras 
Oraba,  sin  mirar  el  monte  santo; 
Que,  si  alzaba  la  vista  un  punto  solo, 

La  tempestad  bravia 
En  la  nube  sus  rayos  revolvía. 

Y  sus  chispas  ardientes 
Quemaban  las  miradas 

Y  abrasaban  las  frentes 

En  el  polvo  temblando  sepultadas. 


/o 


POESÍAS   LÍRICAS.  f 


Beapareció'  muy  pronto 
El  monte  sin  Moisés. ...   El  pueblo  entonces 
Al  profeta  lloró. .  . .  Palideciendo 
Josué,  abrumada  la -inspirada  frente, 
Guiaba  al  pueblo  al  suelo  prometido: 

Era  ya  el  elegido 
Del  Dios  de  Sabaoth  omnipotente. 

Santiago,  25  de  Agosto  de  1875. 


» 

76 


2£x;2£: 


ODIO  Y  AMOR 


A  RAFAEL  B.  GUMTJCIO 


El  alma  anhela  amor:  ley  es  del  cielo; 
Y  anhela  aborrecer:  ley  de  la  tierra. . . . 
Odio  y  amor,  indefinible  anhelo 
Que,  del  hombre  infeliz,  la  historia  encierra. 
Infeliz  yo  no  soy,  mas  un  desvelo, 
Una  ilusión  mi  bienestar  destierra. 
¿Amaré  á  mi  verdugo?  Tengo  miedo .... 
Odiar  á  mi  ilusión. .  . .  ¡Ah!  nó,  no  puedo! 

g^ ^| 

77 


poesías  líricas. 


Y  ella  acibara  sin  piedad  mi  vida; 
Es  parte  de  mi  ser  que  lo  destroza; 
Gime  el  alma  en  sus  brazos  abatida. 
Y  sufre  en  el  gozar:  sufriendo  goza. 
No  puedo  amar  esa  ilusión  mentida; 
Si  la  abandono,  el  corazón  solloza; 
Ilusión:  sufriré  tu  amor  funesto; 
Mas  sabe  que,  al  amarte,  te  detesto. 


78 


!* 


2SZ3Z 


SU  RETRATO. 


¡Qué  bella  estás  así!  ¡Siempre  la  misma! 
¡Siempre  en  tu  labio,  juguetona  i  leve, 
Esa  sonrisa  que  í  besar  se  atreve 
Tu  boca  angelical! 

Quisiera  que  á  tu  imagen  adorada 
Prestaras  tu  animada  gallardía; 
Mas  que  ella  te  prestara,  vida  mia, 
Eso  que  la  hace  no  mudar  jamas. 


79 


■^ 


2C2CI 


TUS  OJOS. 


Si  me  asomo  á  tus  ojos  brillantes, 
Tan  verdes,  tan  verdes, 

En  un  campo  una  estrella  caida 
Mirar  me  "parece. 

¡Ah!  si  son  habitados  los  astros, 
Y  en  ellos  se  duerme, 

¡Quién  pudiera  habitar  esa  estrella 
Por  siempre,  por  siempre! 


f3^" 

*• 


2ZL^ZTT 


¿SERA  VERDAD? 


A  veces  siento  lastimar  mi  pecho 
Un  misterioso  afán; 
A  veces  un  placer  desconocido 
Llena  mi  alma  de  dulzura  j  paz. 

Guando  siento  el  placer,  me  hallo  pensando 
En  tí,  mi  vida,  en  tí; 
Cuando  siento  el  dolor ....  no  pienso  en  nada. 


xpfc. , *£(§ 


> 


f 


2í:zs:xii 


IMPOSIBLE. 


A  CAMILO  MUNITA  G0R3ÍAZ 


Dejadme  recordar;  y  en  ese  limbo 
En  que  agitan  sus  alas  los  amores 
Y  suspiran  insólitos  rumores, 
Que  el  alma  sabe  traducir  no  mas, 
Las  palmas  donde  duermen  los  recuerdos 
xVbaniquen  mi  frente  soporosa, 
Que  al  beso  de  su  brisa  mentirosa 
En  un  seno  de  amor  se  dormirá. 


poesías  líricas. 


¡Qué  dulce  realidad  la  del  recuerdo, 
Yaga  ilusión  que  á  otra  ilusión  imita! 
No  entiendo  al  corazón  cuando  palpita, 
Mecido  por  su  aliento  celestial. 
jY  me  habla  tanto  en  su  lenguaje  mudo! 
¿Cuándo  lo  entenderé? ....  Cuando  la  vida, 
En  mundo  de  recuerdos  convertida, 
De  mentiras  engendre  una  verdad.     .  - 


I 


86 


zczcT^r 


lT  NO  SENTÍAS! 


El  cielo  trasparente  de  tus  ojos 
El  llanto  detenido  encapotaba, . . . 
iQué  hermosas  se  estremecen  las  estrellas 
Sobre  el  cristal  de  un  lago  reflejadas! 

Ya  no  me  engañarás,  porque  ya  he  visto. 
Temblando  recatado  en  tus  pestañas, 
El  precioso  caudal  de  tu  ternura, 
Condensado.  al  brotar,  en  una  lágrima. 


87 


-*>2g 


EL  DIYINO  POEMA. 


Et  incarnatus  est 

Oraba;  del  ángel 
Sintió  las  pisadas 
Que  el  cielo,  María 
Tan  solo  escuchó. 
Y  habló,  y  á  su  "fiat" 
Mayor  que  el  primero, 
Un  Dios  humillado 
Al  mundo  bajó. 


poesías  líricas. 


Bajó  y  en  el  virgen 
Materno  santuario 
El  sueno  primero 
Del  hombre  durmió; 
Y  en  tanto  la  tierra, 
En  sombras  flotando. 
Seguía,  seguía 
Su  curso  veloz. 

Y  el  hijo 
Del  hombre 
Durmió. 


II. 


Gloria  in  exelsis  Deo. 


Llovía;  el  pesebre 
Tan  solo  abrigaba 
El  hálito  tibio 
Del  asno  y  del  buey; 

Y  absorto  el  anciano 

Y  absorta  la  madre 
Postrados  besaban 
Del  Niño  los  pies; 

90 


EL  DIVINO  POEMA. 


Y  el  Niño  lloraba 
Del  viento  y  del  frió, 

Y  el  frió  y  el  viento 
Lloraban  también. 
Los  cielos  cantaban, 
Los  astros  crecieron 

Y  el  mundo  oyó  sones 
Ignotos¡para  él. 

La  aurora " 
Buscaba 
A  Belén. 


III. 


.  .fugeiniEgiptum. 


Se  agitan  del  aire 
Los  átomos  leves 
Al  roce  invisible 
De  edlica  voz; 
Todo  está  en  silencio 
Del  Nilo  en  la  playa: 
Están  en  la  arena 
Sentados  los  dos. 

91 


^1 

POESÍAS   LÍRICAS. 


fe*- 


Ella,  Virgen  madre, 
Con  su  niño  en  brazos, 
Escucha  humillada 
La  eterna  canción. 
El  la  oye  arrobado 
Y  atenta,  y  sublime 
Se  agolpa  á  sus'  ojos 
El  alma  de  un  Dios. 

Y  calla 
Del  Nilo 


La  voz. 


IV. 


Et  estupebant  in  doctrina  ejus . . . 


Va  triste.  . .  Lo  ha  visto 
Llorar  Samaría; 
Jamas  la  sonrisa 
Sus  labios  toca; 
Sus  ojos  consuelan, 
Sus  labios  bendicen, 

Y  el  pueblo  lo  sigue 

Y  escucha  su  voz. 


92 


EL  DIVINO  POEMA. 


Do  posa  la  planta 
La  muerte  palpita, 
Eespira  misterio, 
Predica  dolor; 
Acoge  á  los  malos, 
Bendice  i  los  niños; 
Su  eterna  doctrina 
Al  mundo  arrastró. 

Y  campos 
Y  villas 
Cruzó. 


Y. 

Consummatum  est. . 

¡Dios .  . .  sangre .  . .  suplicio, 
Fundidos  en  uno! 
¡Misterio  que  abrasa 
La  humana  razón! 
Escrito  así  estaba: 
Palabras  eternas 
De  lo  alto  del  monte 
El  Padre  acodó. 


93 


"*Mí 


POESÍAS   LÍRICAS. 


¡El  Cristo! .  . .  Los  orbes 
Rodaron  sin  rumbo; 
La  eterna  armonía 
Su  ritmo  turbó.. 
La  cruz  en  las  sombras 
Extiende  los  brazos. 
Silencio  tremendo .  . . 
¡Ya  todo  acabd! 
Y  el  último 

Sueño 

Durmió. 


% 

-48JÜ 


94 


xix-vi 


LATIDOS. 


Es  alta  noche  y  mi  reloj  no  calla: 
Cuando  todo  en  su  paso  se  detiene, 
Sin  rumores  el  mundo  y  los  espacios, 
Solo  el  tiempo  no  duerme. 

¡Ah!  marca  la  distancia  de  la  tumba, 
Y  ésta  camina  y  es  mas  corta  siempre: 
El  compás  del  reloj  jamas  dormido 
Es  el  vivo  latido  de  la  muerte. 


95 


*■ ' ü 


XXVII 


BUSCÁNDOLA 


Si  veo  en  otros  ojos  un  reflejo 
De  su  mirada  tierna, 
Me  parece  un  recuerdo  de  mi  dicha 
Que  sonrie  al  pasar  ante  una  estrella. 


Si  en  la  noche  callada,  los  rumores 
Su  dulce  voz  remedan, 
Me  parece  que  en  ráfagas  de  cielo, 
Envuelto  en  luz  mi  espíritu  navega. 

&£♦— *&§ 

97 


poesías  líricas. 


Si  al  suspirar  aromas  el  silencio, 
Su  aliento  á  mi  alma  llega, 
Mi  alma,  en  el  silencio  sumergida, 
Cede  mi  ser  á  su  invisible  esencia. 


Siempre  su  idea  perfumando  mi  alma, 
Quiero  correr  tras  ella, 
Y  pienso  en  Dios  para  buscar  su  imagen, 
Que  encontrarla  jamas  puedo  en  la  tierra. 


É 

98 


xzxtsziii 


REZA 


Reza,  niña,  al  Señor:  la  madrugada 
Reza  perfumes  é  inocentes  trinos; 
.  Y  al  dormirse  la  tarde  entre  la  niebla 
Reza  gemidos. 


Reza,  niña,  al  Señor:  yo  también  rezo. 
Ambos  somos  cristianos  desde  niños; 
jCuánto  gozo  al  pensar  que  en  Dios  se  encuentran 
Mi  fe  y  tu  fe,  tu  corazón  y  el  mió! 


99 


I 


zzí^ltzz. 


PIENSA  EN  MI. 


¡Dios  rnio!  ¡qué  seria  de  mi  alma 
En  mi  triste  destierro, 
Si  no  pensara  en  tí,  dulce  ángel  mió, 
Si  no  fueran  mi  amor  y  mis  recuerdos! 

Si  tu  alma  se  acercara  al  alma  mia. 
Si  tocaras  mi  pecho .... 
¡Oh!  déjame  al  calor  de  mis  memorias; 
No  lo  toques  aun,  le  tendrás  miedo. 


I 


101 


poesías  líricas. 


Olvidó  las  lecciones  que.  aprendía 
A  la  luz  de  tus  ojos,  otro  tiempo; 
Ya  no  sabe  latir,  no  sabe  nada; 
No  lo  conocerás:  casi  es  de  hielo. 

Hielo  en  el  corazón,  y  si  no  fuera 
Por  el  Dios  en  quien  creo, 
Temblaría  al  pensar  que  tanto  frió 
Helara  en  mí  la  fé  de  mis  abuelos. 


¡Hasta  la  vuelta!  me  dijiste  un  dia. 
¿Conoces  de  una  vuelta  los  misterios? 
¿Sabes  lo  que  es  una  alma  sin  otra  alma? 
¿Sabes  lo  que  es  la  luz  sin  su  reflejo? 


Pero  tú  acorres  mis  insomnios  tristes: 
Siento  tu  pensamiento 
Batiendo  su  ala  perfumada  y  tibia 
Del  desamor  sobre  el  abismo  negro. 

Siento  que  las  cenizas  de  mi  alma 
Palpitan  á  su  aliento; 
Y  aun  espero  en  un  cielo  de  ternura, 
Aun  en  la  fé  de  las  memorias  creo. 


I02 


PIENSA  EN  MI. 


Piensa  en  mí,  por  piedad,  amiga  mia, 
Que,  en  mi  triste  destierro, 
Solo  laten  los  hielos  de  mi  alma 
Al  calor  de  mi  amor  y  tus  recuerdos. 


ios 


*H 


NO  LLORES  MAS. 


Yo  no  pensaba  que  tú  sufrías, 
Que  en  tu  adorado  pecho  inocente 
Van  á  esconderse  las  penas  mias: 

Si  es  que  sufrías, 

No  sufras  mas. 


Yo  que,  en  mis  penas,  sollozo  tanto, 
Lágrimas  tuyas  ambicionaba: 
Ya  sé  que  lloras,  cese  tu  llanto; 
No  quiero  tanto .... 
No  llores  mas. 

fe — -át 

105 


poesías  líricas. 


Yo  que  te  digo:  por  mí  no  llores; 
Yo  que  no  puedo  verte  sufriendo; 
Quiero  que  siempre,  siempre  me  adores: 

Pero  no  llores .... 

No  llores  mas. 


106 


IMITT  JBR 


A  FRANCISCO  A.  FRÍAS 


¡Mujer,  mujer!  No  entiendo  esa  palabra, 
Nube  de  misteriosas  ilusiones, 
Canción  lejana  que  adormece  al  alma 

Entre  perdidos  sones 
De  batir  alas,  de  vibrar  suspiros, 
Que  van  y  vienen  en  risueños  giros. 

Publicada  con  el  seudónimo  Julio  M.  Montero. 


107 


» — m 

POESÍAS   LÍRICAS. 


¿Habéis  visto  en  la  noche,  en  esas  horas 
De  vida,  entre  los  sueños  indecisa, 
Vagar  entre  la  sombra,  transparente, 
Un  ser  que  se  bañaba  en  su  sonrisa, 

Y,  el  dedo  sobre  el  labio, 
Sus  alas  blandamente  remecía 

Y  el  silencio  del  sueno  os  imponia? 
Yo  lo  vi  muchas  veces,  y  buscaba 
En  el  mundo  de  afectos  y  de  ideas 
En  vano,  lo  que  el  ángel  me  indicaba; 
Gloria,  placer,  quimeras,  entusiasmo, 

Cruzaban  por  mi  frente, 
En  un  tropel  que  al  corazón  ofusca, 

Y  el  ángel  me  decia:  "Busca,  busca. ;' 

Entre  nieblas  de  sueño,  mal  velada, 
Llegaba  una  mujer,  tan  inocente 
Como  el  dulce  color  de  una  mirada 
"Reflejado  en  el  agua  de  una  fuente; 

Entonces  se  extinguía 
Del  corazón  el  último  latido, 
Que  en  el  alma  vibraba  confundido: 
Mi  alma  y  la  de  ella  a  otras  regiones  iban, 
Do  solo  amor  colora  el  pensamiento; 

Me  embriagaba  su  aliento, 
El  ángel  se  volaba  y  yo ...  .  dormía. 


j^. — ^x 

'    1 08 


«i. 


MUJER. 


Es  la  única  lección  que  yo  en  el  inundo, 
Para  saber  lo  que  mujer  indica, 
He  aprendido  en  la  vida; 
Hija  del  sueño  y,  como  tal,  querida, 
Hija  de  la  ilusión  y  del  encanto, 

Por  eso  la  conservo, 
Y  ahora  en  mis  versos  de  placer  la  canto. 

¡Una  mujer!  aroma  de  la  vida, 
Ser  ideal  que  cual  mis  sueños  amo; 

¡Mujer!  dulce  reclamo 
Que  el  corazón  que  alienta  el  sentimiento 

Contesta  estremecido; 
Un  corazón  fatal  que  no  lia  aprendido 
A  palpitar  al  par  de  otro  adorado, 
Es  un  pedazo  de  materia  helado, 
Pasto  del  desamor  y  del  olvido. 
Fuente  que  se  despeña  en  el  vacío 
Sin  que  una  flor  se  asome  á  su  corriente, 

Ni  una  lágrima  ardiente, 
Al  rodar  en  su  lecho  solitario, 
'    Beba  en  su  paso  estéril  y  precario; 
Nido  de  sierpes  sin  calor  ni  arrullos, 
Arenal  sin  una  ave  ni  una  palma, 

Soledad  venenosa 
Que  agosta  el  sentimiento  y  quema  el  alma. 

m? -¿m 

109 


poesías  líricas. 


Ü*- 


Yo  busco  en  el  amor  lo  que  las  aves 
Buscan  en  los  rumores; 
Lo  que  busca  la  niebla  en  la  montaña, 
Lo  que  buscan  las  auras  en  las  flores 
Al  despertar  en  ellas  los  aromas; 
El  dulce  sol  de  mi  adorada  patria 
Al  bajar  soñoliento  entre  las  lomas; 

Y,  en  luminosas  huellas, 
Al  enviarse  sonrisas  las  estrellas. 

Lo  que  buscan  las  olas  de  la  fuente 
Al  seguirse,  besarse  y  confundirse; 
Y  las  almas  errantes  de  los  muertos, 

Al  hablarse  misterios, 
En  esa  luz  tan  pálida  y  escasa, 

Que  en  las  noches  ardientes 
De  tumba  á  tumba  suspirando  pasa. 

Yo  amo  como  se  ama  en  un  insomnio 
El  rayo  de  la  aurora; 
Como  se  ama  en  la  vida,  un  imposible, 

Que  con  tinte  sensible 
Una  ilusión  fantástica  colora; 
Yo  adoro  en  la  mujer  el  alma  mia, 
Que  llena  su  ambición  de  sentimiento; 

Me  arrebata  su  imperio 


I  10 


«tt» 

3 

MUJER. 


Como  atrae  y  deslumhra  al  pensamiento 
El  vértigo  sublime  de  un  misterio. 

Yo  he  escuchado  en  silencio 
El  roce  espiritual  de  dos  suspiros; 
Lo  que  dice  y  enseña  á  la  conciencia 
El  aliento  tranquilo  de  la  ausencia. 

Yo  he  sufrido  al  amar  los  imposibles. 
¡Y  dura  tanto,  tanto 
Lo  que  escribe  en  el  alma, 
Con  letras  de  dolor,  el  desencanto! 

Los  amo  aun;  yo  nunca  los  olvido, 

Porque  en  la  noche  triste, 
Ornado  con  sus  pálidos  beleños, 

Me  los  dice  al  oido 
El  ángel  misterioso  de  mis  sueños. 

En  mis  ansias  de  gloria, 
Entre  el  fragor  de  ideas  que  combaten, 
Una  voz  de  mujer  la  gloria  canta 
Como  en  medio  á  la  lucha 
El  himno  de  la  guerra  se  levanta. 

Hoguera  en  donde  enciendo  mi  entusiasmo, 
Cielo  donde  se  pintan  mis  visiones 


1 1 


POESÍAS   LÍRICAS. 


Eegion  en  donde  cantan  mis  pasiones 

El  himno  de  la  gloria 

Mujer,  mujer,  no  entiendo  esa  palabra, 
Pero  el  tiempo  ha  grabado  en  mi  memoria 
Que  creer,  soñar  j  amar  es  nuestra  historia. 


aX?  ais 


2£ZZ12z:it 


j^.H.LJL    ^TJ^lsr 


A  FRANCISCO  CONCHA  CASTILLO 


Como  negras  golondrinas, 
Que  huyen  al  venir  el  hielo 
Y,  en  bandadas  peregrinas, 
Buscan  con  inquieto  vuelo 
Otros  climas  y  otro  cielo; 
Así  vuelan  en  mis  versos 
Mis  recuerdos  y  mis  penas . , 
¡Allá  van! 


$8* ^ -Higa 

iT3 


poesías  úricas. 


p]n  algunas  almas  buenas 
Buscando  calor  irán. 
¡Allá  van! 

¡Ah!  si  algún  dia  llegaran 

Y  en  sus  labios  se  posaran 

Y  en  su  seno  se  durmieran! 
¡Ojalá  nunca  volaran 

Y  allí  dormidos  murieran! 
Que  de  allí  recordarían 

Los  hielos  donde  han  nacido; 

Y  pues  van, 
Con  el  calor  de  su  nido, 
A  sus  nieblas  volverán. 

¡Allá  van! 


114 


I 


x^xiii 


POBRE  FLOR! 


Yo  vi  una  florecita 
Llorar  acongojada: 
Dolíme  de  su  cuita; 
Su  lágrima  abrasada 
Mi  pecho  contristó. 

La  dije: — ¿Por  qué  el  llanto 
Empana  tu  corola? 
¿Tan  bella  y  sufres  tanto? 
¿Qué  tienes,  di,  tan  sola? 
— Amor. ...  me  contesto. 

115 


poesías  líricas. 


— ¡Amor!  ¿acaso  esquivo. 
El  céfiro  travieso, 
Hoy  te  ha  negado  altivo 
Su  matutino  beso? 
¿Te  hirió  con  su  desden? 


— El  céfiro  me  adora. 
Coróname  el  rocío, 
Soy  del  pensil  señora .... 

Y  lloro ....  porque  rio, 
Pues  mas  allá  no  hay  bien. 

Amor  es  mi  tormento 
Porque  amo  mis  amores, 

Y  vida,  amor,  contento, 
Son  sueños  seductores 
Que  halagan  y  se  van. 

¿Qué  flor,  di,  se  solaza, 
Si  este  presagio  impío 
Su  pecho  despedaza? 
Yo  lloro  porque  rio. 
¡Dejadme  aquí  llorar! 


116 


9$. _.,&* 

i POBRE    FLOR!  l 


Call(5  la  ñorecita, 
Su  tallo  ya  i  acunaba. 
¡Tan  linda  y  ya  marchita! 
Murió  cuando  lloraba 
Su  nada  al  presagiar. 


¡Placer!  Mentira.  .  . .  duelo 
Dichoso  quien  alcanza 
A  vislumbrar  el  cielo 
Y  goza  en  la  esperanza 
De  eterno  "mas  allá." 


117 


m 


■<m 


ZZLZZLZSlT^r 


J±  TT2sT  J^MIXG-O 


m  LA  MUERTE  DE  SU  MADEE. 


En  la  penosa  carrera 
Que  llaman  algunos  vida, 
La  esperanza,  combatida 
Por  el  mundano  vaivén, 
Vacila;  el  alma  al  cruzarla 
Doquier  encuentra  dolores; 
Que  hay  mas  espinas  que  flores, 
Tu  lo  sabes,  yo  también. 


1 jsfg 

119 


8S«- 


POESIAS   LÍRICAS. 


Cuando,  al  rozar  las  espinas 
De  dolor  y  desencanto. 
El  corazón  duele  tanto, 
Que  brota  sangre  al  latir; 

Y  mueren  las  ilusiones 
Por  no  encontrar  un  abrigo, 
¡Qué  dulce  es  un  pecho  amigo 
Que  entienda  nuestro  sufrir! 

Que  sepa  oir  el  violento 
Bramar  de  las  tempestades, 
Allá  en  las  concavidades  • 
Oscuras  del  corazón; 

Y  amaine  los  sueltos  pliegues 
De  una  esperanza  hecha  trizas, 

Y  dé  vida  á  las  cenizas 
De  la  perdida  ilusión. 


A 


Nadie  hallarás,  pobre  amigo, 

Que  cual  yo  á  tus  penas  cuadre: 

i 

Yo,  como  tú,  tuve  madre, 

Tuve  dichas  como  tú. 

í 

Duerme  mi  madre  en  la  fosa, 

A  su  lado  mi  esperanza .... 

Mas,  sonrie  á  mi  confianza 

Sobre  la  tumba  una  cruz. 

«SU 

120 


A  UN  AMIGO. 


Quizá  lloras,  que  con  lágrimas 
Mi  lacerada  memoria 
Está  trazando  tu  historia 
Con  aparente  crueldad; 
No  importa:  llora  las  penas 
Que  te  han  lastimado  tanto: 
Sangre  del  alma  es  tu  llanto 
Que  no  debo  restañar. 

Y  bendice  á  Dios,  que  al  hombre 
Le  did  del  llanto  la  herencia: 
Tú  tienes  una  creencia 
Que  bendice  tu  aflicción. 
Llora  en  brazos  de  un  hermano 
Que  mucho  llanto  ha  vertido: 
No  hay  hermano  mas  querido 
Que  el  hermano  del  dolor. 


&§♦- 


121 


1 


^c^si^l^r 


PENSANDO  EN  LA  PATRIA. 


A  HÉCTOR  PAREJA 


¡Silencio!...  la  campana,  con  lánguido  tañido. 

Insólito  latido  robo  á  mi  corazón; 

Su  voz  lejana  ondula,  se  pierde  allá  en  el  viento 

Y  va  con  triste  acento  llamando  á  la  oración. 

. 

¡Silencio  que  ya  es  tarde ;  ya  hay  sombras,  ya  no  hay  dia! 
La  tarde  está  muy  fría,  la  noche  viene  ya; 
Doliente  muge  el  viento,  las  ramas  se  estremecen, 
Los  montes  se  adormecen....  ¡qué  triste  el  mundo  está! 


123 


poesías  líricas. 


-m 


Negras  están  las  sombras,  como  mis  negras  penas; 
Como  ellas  de  hiél  llenas  avanzan  sin  sentir; 
No  sé  si  su  presencia  es  dulce  d  es  amarga, 
Si  lo  que  al  alma  embarga  es  goce  d  es  sufrir. 

Semeja  á  la  lejana,  perdida  melodía 
Que,  apenas  se  extasía,  ya  pierde  el  corazón; 
El  alma  languidece,  mas  busca  aquel  concento 
Que  infunde  desaliento,  placer  y  desazón. 

Yo  ento'nce  estoy  muy  triste  y  anhelo  esa  tristeza, 
Inclino  la  cabeza,  me  reconcentro  en  mí; 
Muy  lejos  vaga  mi  alma,  se  aduerme,  se  extasía, 
Pues,  ¡dulce  patria  mia!  Yo  pienso....  ¡pienso  en  tí! 

La  lágrima  furtiva  que  entdnce  se  desliza, 
Un  poema  simboliza  de  inextinguible  amor; 
Un  mundo  de  recuerdos,  de  dulces  emociones, 

Un  cielo  de  ilusiones,  de  celestial  color. 

- 
■ 

! 

¡Ah  patria,  patria  amada,  sin  par  Montevideo, 
Flotante  yo  te  veo  sobre  el  rizado  mar, 
Cual  vírjen  vaporosa  que  de  las  crespas  olas 
Sentada  escucha,  á  solas,  el  lánguido  arrullar! 

&> — *g$ 

124 


PENSANDO  EN  LA  PATRIA. 


¡Cuan  bella  estás  tendida  del  Plata  entre  las  brumas, 
Congelación  de  espumas  envuelta  en  leve  tul, 
En  lánguido  abandono,  mirando  dibujadas 
Visiones  encantadas  en  tu  horizonte  azul! 


Visiones  vaporosas  de  paz  y  de  bonanza, 
Radiantes  de  esperanza,  de  fé  en  el  porvenir, 
Que  esconden  en  el  cielo  sus  formas  indecisas, 

Y  anhelan  tus  sonrisas  para  llegarse  á  tí. 

Entonce  estás  muy  bella,  vírjen  amor  del  Plata; 
Mi  pecho  se  dilata,  se  ensancha  el  corazón, 
Que  olvida  la  distancia,  descieña  los  pesares. 

Y  entre  los  patrios  lares  realiza  su  ilusión. 

¡Ah  patria!  en  tí  se  encierran  mis  glorias  ideales, 
Ensueños  celestiales  que  halagan  mi  existir; 
Un  tiempo  acariciaste  mis  sueños  infantiles 

Y  hoy  dichas  juveniles  me  incitas  á  finjir.    . 

Si  á  ingratitud  y  olvido  tan  solo  mi  alma  aspira, 
Yo  busco  esa  mentira,  yo  anhelo  ingratitud; 
Si  miente  la  inocencia,  si  hasta  el  cariño  miente, 
No  existe  un  inocente....  ¡mentira  es  la  virtud! 


¡^Af— . ____ _ ___ 

125 


poesías  líricas. 


Mas,  no,  patria  querida,  que  tu  recinto  encierra 
¡Tanto  áirgel  de  la  tierra  que  piensa  quizá  en  mí! 
Por  eso  tu  recuerdo  es  mi  adorado  encanto, 
¡Por  eso  gozo  tanto,  pensando,  patria  en  tí! 


¡Adiós,  Montevideo,  fugaces  ilusiones! 
Ya  negros  nubarrones  nos  vienen  á  alejar; 
Los  Andes  se  interponen  y  claman  á  mi  oido: 
¡Ah!  no  eches  en  olvido....  ¡que  atravesaste  un  mar! 


¡Un  mar!  en  él  gimieron  mis  sueños  de  bonanza; 
Fluctuaba  mi  esperanza  cuando  te  dije:  ¡adiós! 
Adiós  patria  adorada,  dormido  entre  estos  valles, 
Siempre  que  solo  me  halles,  verás  que  pienso  en  vos. 


¡Silencio!...  la  campana,  con  lánguido  tañido, 
Insólito  latido  robó  á  mi  corazón; 
Valles,  montañas,  sombras,  frió,  siniestra  calma, 
Tristeza  aquí  en  el  alma....  ¡Todo  triste,  por  Dios! 

Santiago,  1874. 


gp  _ _ _ r _~^É 

126 


^ZZL^Z^TT 


¿TE  ACUERDAS? 


¿Te  acuerdas?  Te  encontré  por  el  camino: 
Niño  lloré  ele  amor,  ¡ya  te  quería! 
Y  ahora  sin  tí,  con  solo  mi  destino, 
¡Quién  me  diera  llorar  como  ese  dia! 

Yo  te  adoré;  mis  sueños  comprendiste; 
Tú ....  eras  mujer .... 

No  exijo  tu  cariño. 
Mas,  ¡ten  piedad  de  la  inocencia  triste, 
No  despedaces  mi  ilusión  de  niño! 


*f 


127 


x^x^rn 


¡PATRIA  MÍA! 


i. 


¿De  dónde  vienes,  pabellón  sagrado, 
Bicolor  de  mi  patria? 
¿A  dónde  vas?  ¿Qué  buscas?  ¿Quién  te  envia? 
¿Acaso  el  alma  de  la  patria  mia 
En  tus  pliegues  radiantes  escondida 
Viene  á  templar  mi  pecho  acongojado, 
Yiene  á  inflamar  mi  inspiración  dormida? 
¿No  peleabas  ayer?  ¿Hoy  no  peleas? 

Escrita  para  un  folleto  publicado  con  motivo  de  la  Exposición  de  Santiago    ¡ 
en  1875,  é  intitulado  El  Ueuguay  en  la  Exposición  de  Chile. 

I 

L -* 


">¿3X 


129 


poesías  líricas. 


¿No  acabo  ele  escuchar  el  vocerío, 

El  fatal  alboroto 
Que  entre  el  polvo  y  el  humo  se  levanta, 

Do  tu  jirón  flotaba 
Ensangrentado,  desteñido  y  roto? 
Genio  inmortal  que  riges  las  batallas: 
¡Tú  también  como  bueno, 
Tú  radiante  de  paz,  puro  y  sereno, 
Al  fin  luchando  para  el  bien  te  hallas! 

¡Gran  Dios;  cua'nta  alegría! 
Casi  no  te  conozco,  patria  mia. 

Ese  jirón  de  tu  bandera  roto 
Que  se  ostenta  del  bien  en  el  torneo, 

Mi  corazón  ensancha; 
Hoy  en  la  fé  del  patriotismo  creo; 
Yo  cantaré  la  aurora  en  que  te  veo, 
Yo  lloraré  la  sangre  que  te  mancha. 

Patria,  feliz  me  siento; 
Tu  nombre  en  mi  alma  es  abrasado  rayo» 
Qae  funde  un  corazón,  forjando  un  mundo 
De  entusiasmo,  de  fuego  y  de  cariño: 
Para  cantarte  á  tí. . . .  ¡soy  uruguayo! 
Para  llorar  por  tí.  .  .  .  ¡me  siento  un  niño! 
Y  si  el  lloro  pueril  ante  el  recuerdo 


8 


130 


¡PATRIA    MÍA! 


De  una  patria  adorada 
Viene  á  mezclarse  á  la  chilena  gloria, 

También  verá  su  historia 
Con  la  de  un  pueblo  varonil  trazada; 
Si  legaron  á  Chile  sus  mayores 
Con  el  ser  de  la  edad  la  fría  calma, 
Mi  patria  nació  joven;  su  ardimiento, 
Crimen  fué  de  su  edad,  no  de  su  alma, 


II. 


Sonó  la  redención  de  un  continente: 
Un  rumor  de  cadenas  que  se  roen 

Se  oyó  confusamente 

Cual  germen  de  tormenta 
Que  nace,  crece  y  que  fatal  revienta. 

El  siniestro  presagio 
Fermentó,  reventó.  Tembló  la  esfera 
Al  ver  que  aquel  volcan  hecho  pedazos 
Mostró  en  su  cráter  y  en  su  lava  hirviente 
Que  alentaba  en  su  seno,  en  vez  de  esclavos, 
Cada  pedazo  una  nación  de  bravos; 

Y  de  aquella  vorágine  potente 

I"      N 

m — ^ *# 

131 


fs* 


poesías  líricas. 


Ser  colosal,  qae  concibió  un  delirio, 
Fundida  en  los  crisoles  del  martirio, 
De  América  surgid  la  libre  frente. 

Mi  patria  allí  nació:  también  tú,  Chile, 
Peleaste  como  bueno; 
Mas  en  el  campo  de  la  lucha  noble 
Dejaste  todo  el  odio  de  tu  seno. 
Tu  herencia  recogiste,  y  sobre  el  Ande 
Plantaste  tu  vivac;  cesó  la  lucha, 
/  Tu  gloria  no  fué  efímera;  no  lampos 
De  dicha  te  alumbraron, 
Tu  potro  refrenaste 

Y  sin  riendas  cruzó  libre  tus  campos. 

Y  tu  casco,  tu  adarga,  tu  celada, 
Tu  lanza  enmohecida, 

Colgados  en  tus  árboles  frondosos, 
Al  arado  y  al  riel  dejaron  paso; 

Y  el  férreo  anulador  de  la  distancia 
Unió  tu  idea  del  oriente  á  ocaso. 
La  estrella  de  la  paz  sobre  la  frente 

Y  el  vapor  revolcándose,  mugiendo, 
Bajo  tu  pié,  domesticado  y  mudo, 

Tranquila  la  conciencia 

Escribiste  en  tu  escudo: 

Dios  y  la  Libertad;  Paz  y  creencia. 

£*- *A 

132 


PATRIA    MÍA! 


Con  fé  en  el  porvenir,  lleno  de  vida, 
Miraste  con  la  frente  iluminada 
La  frenética  y  loca  polvareda 

Que,  en  lucha  fratricida. 
Levantaba  de  pueblos  desgraciados, 

Entre  horror  y  baldones, 
El  nefando  tropel  de  los  bridones. 

Esa,  Chile,  es  tu  historia; 
Quien  tiene  corazón,  la  llama  gloria. 

Pabellón  bicolor:  habla  á  la  patria; 
Haz  que  cesen  los  odios  que  la  oprimen; 
Has  visto  libertad,  viste  su  fruto; 
¡Ah!  ¡no  es  valor  el  que  alimenta  el  crimen! 
La  paz  le  exige  su  filial  tributo. 

Dile  que  al  fin  comprenda 
Que  hay  un  pueblo  viril  sin  sangre  y  luto. 

Comprenderlo  sabrá  la  patria  mia. 
¿Qué  en  su  frente  no  arde 
Una  chispa  de  fé?  Quien  no  la  alienta 
Es  un  pueblo  cegado,  es  un  cobarde. 
Y  cobarde ....  ¡jamas!  Guarde  el  olvido 
Ün  pasado  que  fué  y  en  él  se  pierde; 
Pasado  criminal  que  infama  y  mancha 
Al  rencor  que  cegado  le  recuerde. 


U3 


poesías  líricas. 


1 


Los  culpados  ¿do  están?  Ya  no  nos  toca 
A  nosotros  hablar;  ¡miente  el  que  falle! 
Un  crimen  á  otro  crimen  amontona: 

La  Patria  los  perdona. 
Olvide  el  corazón,  el  labio  calle; 

Y  un  pasado  de  sangre  vergonzoso, 
Que  cruzó  envenenando  nuestro  suelo, 

No  empañe  un  porvenir  que  luce  hermoso; 

Y  si  hubo  criminales. .  . .  ¡juzgue  el  cielo! 

Y  si  un  pueblo  de  glorias  se  alimenta,  • 
Conquiste  gloria,  no  rencor  y  muerte: 

Los  triunfos  y  victorias 
Que  de  época  infeliz  la  Patria  cuenta, 
Fueron  glorias  de  horror ....  ¡no  fueron  glorias! 

¿Qué  buscas  descompuesta  y  jadeante 
En  ese  campo  de  funesta  lucha? 
Mira  que  acecha  tu  desgracia  el  crimen, 
Tente  un  momento.  ...  ¡la  ambición  te  escucha! 


¡Esclavitud! ....  delira  quien  te  nombra. 
¡Cuan  dulces  ante  tí  son  guerra  y  muerte! 
Ante  tí  se  levanta  en  tropa  inerte 
De  nuestros  padres  la  tremenda  sombra. 


i 


134 


PATRIA    MÍA!    9 


¡Ah,  nuestros  padres!  Al  legarnos  patria, 
Nos  legaron  su  indómita  altiveza, 

Y  un  lecho  de  laureles 

Donde,  en  sueño  de  paz  y  noble  orgullo, 
Reclinemos  radiante  la  cabeza. 

¡Durmamos  ese  sueno  de  los  pueblos, 
Para  soñar  de  Dios  y  del  trabajo, 

En  las  santas  victorias! 
Duerman  en  nuestros  pechos  los  recuerdos 

De  las  sangrientas  glorias, 
Como  duermen  los  rayos  en  las  nubes, 

Cuando  flotan  serenas; 
Cual  duerme  la  tormenta  entre  las  ondas, 
Cuando  murmuran  palpitando  apenas; 

Como  duerme  en  la  vida 

El  germen  de  la  muerte. 
¡Ay  del  que  turbe  el  sueño  de  los  pueblos, 
Y  esos  recuerdos  de  valor  despierte! 

El  salmo  legendario  de  la  gloria 
Nuestra  cuna  arrulló  con  rudas  notas, 

Y  con  cadenas  rotas, 
Trazó  la  libertad  sobre  los  campos 

La  heroica  introducción  de  nuestra  historia. 
El  mundo,  patria  mia, 


*35 


poesías  líricas. 


El  sello  de  esa  gloria  ve  en  tu  frente. 
Puedes  dormir  el  sueño  de  los  pueblos . .  . 
Puedes  soñar  un  porvenir  radiante, 
Que  el  bautismo  de  sangre  de  la  gloria 
Te  lo  dieron  tus  padres,  y  es  bastante. 

Si  arranqué  de  mi  lira  tu  desgracia. 
El  mundo  comprendió  que  tu  cabeza 

Se  inclinó  ensangrentada 
Bajo  tu  misma  varonil  audacia, 
Bajo  el  peso  fatal  de  tu  grandeza. 

¡Libre  te  ostento  ante  la  faz  del  mundo! 
Tu  nombre  con  orgullo. 
Hago  que  grande  entre  mis  labios  vibre; 
¡Lloré  las  faltas  de  una  patria  joven! 
¡Canté  las  glorias  de  una  patria  libre! 


«as* 


136 


^z^L^L-^rxxx 


LA  SOMBRA  NEGRA. 


I. 


En  las  noches  de  mi  alma, 
Tristes  como  las  noches  de  la  tierra, 
En  el  eterno  insomnio  de  su  vida, 
Se  agita  la  conciencia. 


Allá  en  las  altas  horas, 
Hundida  en  las  almohadas  la  cabeza, 
Con  un  libro  en  la  mano,  que  no  leo, 
Me  agito  en  vela. 


137 


POESÍAS   LÍRICAS. 


La  luz  en  las  paredes 
Se  difunde  amarilla  y  soñolienta, 
Y  envuelve  en  sus  aureolas  los  objetos 
Que  entre  ellas  tiemblan. 


La  forma  de  mi  cuerpo, 
En  la  pared  cercana  se  proyecta, 
Y  la  veo  tendida  al  lado  mió 
Rígida  y  negra. 


Siempre  unidos  se  agitan 
Mi  triste  insomnio  y  el  insomnio  de  ella, 
Y  una  voz  sin  sonidos  dice  i  mi  alma: 
¡Es  tu  conciencia! 


En  vano  me  revuelvo 
En  mi  desliedla  cama  por  no  verla 
Clavada  en  la  pared,  siempre  me  hallo 
Solo  con  ella. 


Ü<*-~ 


138 


, 3$s 

LA  SOMBRA  NEGRA. 


II. 


Los  recuerdos  de  niño, 
De  mis  años  perdidos  de  inocencia, 
Como  un  duro  reproche, 
En  la  negra  silueta  se  condensan. 


Y  por  eso  en  mis  noches, 
Tristes  como  las  noches  de  la  tierra. 
Tiemblo,  al  mirar  de  mi  tendido  cuerpo, 
La  sombra  negra. 


III. 


¡Ah!  ¡Dejadme  recuerdos! 
Volvedme  una  hora  sola  de  inocencia 
Y  de  mi  vida  y  juventud  los  años, 
Tomadlos  todos,  si  es  que  alguno  resta. 


¡Sfté — — - ■ . *gj 

139 


$¡5* -»g$f 


2^:22:2^1^: 


PONTÍFICE  y  rey. 


"¡Sus,  á  caballo!  Donde  no  halléis  mundo 

Tened  solo  las  riendas! 
¡Alzad,  valientes  hijos  del  desierto; 
A  plantar  vencedoras  nuestras  tiendas 
En  las  tristes  orillas  del  Mar  Muerto! 

¡Adelante,  adelante, 
El  azote  de  Dios  va  con  nosotros, 
No  ha  de  brota?'  la  yerba 

Leída  en  la  Asamblea  Católica,  celebrada  en  Valparaíso   en   conmemora- 
ción del  5(K>  aniversario  de  la  exaltación  al  episcopado  de  Pió  IX. 

I 

J!aS 

feí» ^ ¡ ^ — ^ ** 


ge»— 

1 

POESÍAS    LÍRICAS. 

Donde  Jijen  el  casco  nuestros  potros! 

¡Sus,  hacia  Roma!  Al  son  de  nuestros  pasos 

Un  trono  consagrado  se  derrumba, 

Un  Pontífice  tiembla,  y  entre  ruinas, 

Ye  abierta  ya  su  tumba. 

Quiero  cantar  en  sn  vencida  frente 

El  himno  de  mi  gloria  y  mi  venganza, 

Y  en  su  sangre  caliente 

Calmar  su  sed  la  punta  de  mi  lanza." 

Dijo  A  ti  la  y  partió  como  el  cometa 

Que  arrastra  de  sí  en  pos,  hordas  de  fuego 

Con  que  describe  su  órbita  secreta; 

Y  el  rastro  de  sus  huellas, 

Deja  á  la  tierra  presagiando  muerte; 

Y  temblando  de  miedo  á  las  estrellas. 

Rodaron  como  arena  en  el  desierto, 

Las  hordas,  por  los  campos  incendiados.  . .  . 

Yoló  A  tila  adelante, 

Y  cual  cráter  fatal  que  se  desploma, 

Su  potro  desbocado  y  jadeante 

1 

Salto  los  muros  ele  la  eterna  Roma. 

Lo  esperaba  el  Pontífice  sereno.  .  . . 

i 

Las  hordas  al  galope  atropellaron, 

V, 

m 

Y  del  mundo  á  la  faz,  de  espanto  lleno, 

i 

i 
k 

142 


f*- ^ : «f 

PONTÍFICE  Y  REY. 


Pontífice  y  salvaje  se  encontraron. 

¡Y  el  bárbaro  tembló! ....  Sus  ojos  fieros 

Ante  los  ojos  tristes  del  anciano, 

En  el  ceño  rugado  se  ocultaron, 

Y  en  las  órbitas  negras 
Sus  pupilas  fosfóricas  chispearon, 
Como  en  el  fondo  de  un  abismo  eterno 
Brilla  feroz  la  risa  del  infierno! .... 

Tembló.  ...  Su  fuerte  lanza 
Abrasando  su  mano, 
Sin  herir  se  arrastró  por  vez  primera; 

Y  su  guerrero  acento, 
Débil  se  alzó,  turbado  y  soñoliento. 

Las  hordas  se  perdieron  entre  el  polvo, 

Como  mies  sacudida  por  el  viento, 

Y  el  hijo  del  desierto  y  ele  la  guerra 

Fué  despechado  y  solo, 

En  los  hielos  del  polo, 

A  esquivar  el  sarcasmo  de  la  tierra. 


i 

to»__ — — — , . ^ 

143 


poesías  líricas. 


II. 


Y  pasaron  los  tiempos De  las  nieblas 

De  años  envueltos  entre  oprobio  y  gloria, 

Alzaron  la  cabeza 
Genios  que  amamantaba  la  victoria. 

Pronunciaron  sus  nombres: 
La  tierra  enmudeció,  besó  sus  manos, 
Con  el  peso  fatal  de  los  laureles 
Sintió  oprimir  sus  lastimados  hombros, 
Y  en  silencio  miró  que  los  tiranos 
De  tronos  humeantes  con  escombros, 
Amontonaron  su  dosel  funesto; 
Y,  agria  la  frente,  desdeñoso  el  gesto, 
Los  rej^es  á  sus  pies  encadenaron, 

E  insultando  á  la  tierra, 
En  su  cerviz  altivos  se  sentaron. 
¡Y  la  tierra  calló!  Ellos  en  tanto 
Miraron  el  abismo  de  los  pueblos, 

Y  el  vahído  del  vértigo 
Cegó  sus  ojos  con  espesa  sombra, 

Al  ver  desde  su  solio, 
Limitando  su  altiva  omnipotencia, 
Sobre  el  mundo  inmortal  de  la  conciencia, 

j^ _— , , ^M 

144 


;-# 


pontífice  y  rey. 


Aun  alzarse  radioso  el  capitolio. 
Una  idea  mortal  cruzo  su  frente .... 

A  su  empuje  las  puertas 

Crujieron  entreabiertas 
Del  alcázar  del  Dios  armipotente. 

Penetraron  triunfantes, 
Mas,  al  tender  sacrilega  la  mano, 

Las  armas  se  cayeron 
Y  las  alas  del  genio  se  quebraron 
¡Genio,  gloria  y  poder  se  derrumbaron! 

¡Oid! ....  Eco  lloroso, 

Aun  en  los  mares  suena 
El  canto  funeral,  lento,  nervioso 
Del  sauce  de  una  tumba  en  Santa  Elena. 
Sombra  de  Napoleón:  alza  la  frente; 

No  por  triste  y  vencida 
Mi  voz  le  inferirá  cobarde  agravio; 

Que,  al  llenar  reverente 
El  alto  sacerdocio  del  poeta, 
Sin  odios  y  serena  la  difundo; 

Que  no  tiembla  mi  labio 
Ni  evocándote  á  tí  ni  hablando  al  mundo. 

Habla,  di  si  es  verdad  que  el  anatema, 
Estigma  eterno  que  marcd  tu  frente, 

##- — -*££ 


9 


poesías  líricas. 


Heló  en  tus  sienes  la  fatal  diadema, 
Como  el  ósculo  frió  de  un  cadáver 
Alzado  entre  las  nieblas  del  oriente. 
Si  al  extender  tu  mano  hacia  el  santuario, 
No  miraste  en  las  nubes  que  lo  envuelven, 
Iluminarse  con  rojiza  tea, 

Seguirte  en  la  pelea, 
Hacer  desfallecer  tu  alma  gigante 
De  Waterloo  la  sombra  amenazante; 
Y  en  las  nieblas  del  Vístula  sombrío 
Arrastrar  los  jirones  de  tu  gloria 
El  genio  del  sarcasmo  en  el  vacío. 


III. 


¿Y  habrá  quien  llegue  á  golpear  de  nuevo 
Hiriendo  con  el  pomo  de  la  espada 
Esa  puerta  de  Roma,  custodiada 

Por  severos  vestiglos 

Que  levantan  sus  frentes 
Del  polvo  misterioso  de  los  siglos? 
Me  responde  el  canon  ....  Gritos  de  guerra 
En  el  aire  se  chocan  confundidos; 


140 


pontífice  y  rey. 

! 

El  cielo  con  la  tierra 

Aparecen  imidos 

Por  nube  enrojecida,  cuyo  seno 

Una  tormenta  abrasa 

Y  el  rayo  reventando  despedaza. 

! 

Entre  el  polvo  y  el  humo 

i 

Roma  levanta  la  sagrada  frente 

; 

Y  el  Pontífice  anciano  abandonado, 

Ceñida  con  espinas  la  cabeza 

Al  lado  de  los  hijos  que  le  quedan, 

Alza  al  cielo  los  brazos 

Y  escucha  la  llanura  estremecida 

Por  roncos  alaridos 

Que  gritan  ¡libertad!  ¡Italia  unida! 

¡Libertad,  Libertad!  ¡Santa  palabra 

Que  adora  el  alma  mi  a! 

¿Siempre  has  de  ser  la  máscara  cobarde 

i 
I 

Donde  esconde  la  faz  la  alevosía? 

! 
¡ 

¿Hasta  cuándo  tu  nombre 

Gemirá  profanado, 

Siempre  en  sangre  empapado, 

Siempre  nuncio  de  ira, 

Siempre  hermanado  en  el  oscuro  labio 

Con  el  crimen,  la  audacia  y  la  mentira? 

ñ 

I 
.8 

47 


POESÍAS   LÍRICAS. 


I 


¡No  puede  ser!  El  dogma  de  los  libres 
No  apadrina  la  audaz  hipocresía, 

Y  jamas  el  puñal  del  asesino 

En  sus  pajinas  santas. 
Con  la  sangre  de  pueblos  ni  de  reyes, 
Escribió  ni  una  sola  de  sus  leyes. 
¡Ah!  ¡no  mintáis,  no  blasfeméis,  cobardes! 
La  libertad  se  mancha  en  vuestros  labios, 
Que  asaltar  á  un  anciano  abandonado, 
Crimen  es  de  vosotros  solamente, 
No  de  la  libertad,  que  en  las  batallas, 
Noble  en  sus  iras,  levantó  la  frente. 

¡Áh!  ¡no  mintáis!  Ayer  sobre  ese  muro, 
Que  asaltáis  con  intrépida  arrogancia, 

Mirasteis  en  silencio 
Libre  notar  el  tricolor  de  Francia. 

Y  ante  el  mundo  hoy  alzáis  vuestro  trofeo 

Al  oir  á  lo  lejos 
De  Sedan  el  sangriento  clamoreo.^ 

Valientes  de  la  causa  de  los  buenos: 

¡Roma,  Roma  por  tocio! 
Del  mundo  defendéis  la  santa  herencia, 

Y  el  mundo  ya  os  levanta 
Un  magnífico  altar  en  su  conciencia, 


148 


&  i;- ■ • -^^? 

t  PONTÍFICE  Y  REY. 


¡Sois  los  menos!  No  importa;  allí  se  muere 
A  morir  como  buenos. .,. .  ¡Dios  lo  quiere! 

¡Si  no  tenéis  victoria, 
Ceñirán  vuestras  frentes  de  soldados 
Pólvora  y  humo  y  redención  y  gloria! 


IV. 


El  polvo  del  combate  se  disipa, 
Apaga  el  bronce  su  clamor  de  muerte, 
Y  entre  la  grita  inmensa  de  la  turba, 

Mudo  contempla  el  cielo 
Rodar  el  trono  santo  por  el  suelo; 

Y  el  mundo  no  vacila 
Al  mirar  sobre  el  muro  profanado 
Flotar  audaz  el  pabellón  de  Atila! 

¡Y  tú  callas,  Señor!  Presta  á  mi  acento, 
Para  volver  al  mondo  su  esperanza, 
Un  eco  del  aliento 
Con  que  en  Siná  vibraron 
La  voz  de  tu  poder  y  tu  venganza! 


149 


— — — — : *m 

9 

poesías  líricas. 


De  pié  sobre  las  ruinas  de  los  siglos, 
Con  la  fe  del  Señor  en  la  conciencia, 

Hablo  al  mundo  tranquilo, 
Que  al  llenarme  la  luz  de  mi  creencia, 
Jamás  tiembla  mi  voz.  jamás  vacilo. 

Hombres  de  hoy,  ¡mirad  á  vuestro  mundo! 
El  Pontífice  santo 
Dobla  oprimida  la  cabeza  cana, 

Y  el  hierro  del  tirano 
Ahoga  su  voz,  al  implorar  al  cielo, 

Y  al  bendecir  al  mundo,  ata  su  mano; 
Mirad  de  los  puñales  y  la  injuria 
Los  sacerdotes  del  Señor  huyendo; 

Y  al  son  de  libertad  de  los  malvados 
El  templo  y  los  altares  profanados. 

¡Ay  de  Jerusalen!  clamó  el  profeta; 
¡Ay  de  Jerusalen!  cumplióse  el  fallo; 

Y  hoy  tranquilo  el  poeta, 
Del  negro  porvenir  abre  la  puerta, 
Sacude  al  mundo  con  nerviosa  mano 

Y  le  grita  su  voz:  ¡inundo,  despierta! 


^«e- — mm 

ico 


$**■- 


pontífice  y  rey. 


Al  través  de  las  sombras  nebulosas, 
Unido  al  porvenir  palpitar  veo, 
Escrito  con  estrellas  misteriosas 
Lo  que  ante  el  mundo  arrebatado  leo: 
Sobre  ese  templo  que  el  orgullo  impío 
Insultando  á  la  tierra,  ha  levantado, 

Crecerá  espesa  yedra 
Que  hará  brotar  la  maldición  del  mundo; 
Del  muro  que  á  su  crimen  ha  amparado 
No  ha  de  quedar  ni  piedra  sobre  piedra. 

¡ Ah!  Los  tiempos  vendrán,  porque  está  escrito, 
Pontífice  inmortal,  ilustre  Pió, 
En  que  la  tierra  besará  tus  huellas, 

Y  tu  nombre  gigante 
Brillará,  avergonzando  á  las  estrellas. 

¡Yo  amo  tanto  tu  nombre! 
¡Tu  noble  ancianidad  venero  tanto! 
No  me  es  dado  por  tí,  verter  mi  sangre; 
Mas  vierto  al  menos  mi  oprimido  llanto. 
¡Ah!  si  pidiera  sangre  tu  corona, 


i  s  i 


poesías  líricas. 


Por  ceñirla  á  tu  sien  encanecida 
Vertiera  el  pecho  mió 

Toda  la  que  sedienta  de  martirio 

Aliento  en  los  raudales  de  mi  vida. 

¡Qué  feliz  si  en  el  campo  de  la  gloria 
Fuera  el  ¡ay!  de  mi  muerte 

La  gran  diana  triunfal  de  tu  victoria! 


^ 

152 


m- — -m 


ERA  TARDE . . . . 


Era  tarde.  De  un  salmo  lejano, 
Aspiraba  el  compás  religioso; 
E  impregnado  de  su  alma  inocente, 
Lo  espiraban  mas  puro  sus  ojos. 


Las  estrellas  reian  en  ellos 
Cual  de  un  lago  tranquilo  en  el  fondo; 
Y  pasaban  las  nubes  tan  leves 
Como  dulce  visión  de  un  insomnio. 


53 


poesías  líricas. 


¡Quién  pudiera  infiltrarse  en  silencio, 
En  un  salmo  de  amor  cadencioso; 
Absorber  el  perfume  de  su  alma 
Y  morir  palpitando  en  sus  ojos! 


154 


2SZJL.I 


AL  PIE  DE  LA  CRUZ. 


AL  SEÑOR  Pbro.  DON  ALEJANDRO  LARRA1N 


Mulier:  ecce  filius  tuus! 

¡Mujer  y  nada  mas!  Virgen  preclara. 
No  solo  son  las  turbas  tu  verdugo; 

El  hijo  que  agoniza, 
El  mismo  que  viviera  de  tu  vida, 
El  también  tus  tormentos  acibara; 
El  quiere  que  su  triste  despedida, 

El  ¡ay!  de  su  agonía, 
También  tu  puro  corazón  taladre, 


155 


-* 


poesías  líricas. 


Negándote  al  morir,  pobre  María, 
Hasta  el  nombre  dulcísimo  de  madre! 

Sufre  mujer;  la  copa  hasta  las  heces 
Del  sufrimiento  apura; 
Ya  que  el  pecho  no  ablanda  del  verdugo, 
Eompa  las  piedras  tu  lamento  triste 
Que  á  confundirse  irá  del  pueblo  impío 
Con  las  risas  é  infame  vocerío. 

Esos  ¿los  ves?  que  tu  dolor  insultan, 
Esos  tigres  que  á  tu  hijo  despedazan, 
Son  los  hijos  que  lega  á  tu  cariño 

Aquel  divino  niño 
Que  madre,  en  tu  regazo,  te  llamaba 

Y  que  ahora  moribundo, 
Mujer,  te  dice,  y  te  abandona  al  mundo. 

¿Los  quieres?  Esos  son;  ellos,  tus  hijos 
Sus  ojos  son  de  hienas; 
Eespira  su  mirar  odio  y  venganza, 

Sus  almas  son  ajenas 
De  virtud  y  de  amor  y  sentimiento 

Y  esa  sangre  caliente 
Que  salpica  su  rostro  degradado 
Es  la  sangre  del  Cristo  inmaculado. 

&& « 

156 


AL  PIE  DE  LA  CRUZ. 


¿Los  oyes?  te  acarician; 
Sus  blasfemias  afectos  son  de  su  alma, 
Son  cariños  sus  lúbricas  miradas 

Y  te  prestan  consuelo 
En  su  befa  y  escarnio  y  carcajadas. 

¿Su  triunfo  no  te  ofrecen?  Pues  triunfaron; 
Su  botin  es  el  cuerpo  destrozado 

Del  rey  de  los  Judíos 
De  tu  hijo,  del  vencido  Galileo, 

Y  de  tu  alma  divina 
•  Los  jirones  sangrientos  su  trofeo. 

¡Pobre  Virgen!  Señor:  piedad  para  ella, 

Miradla  lacrimosa, 
Sola  con  su  dolor  y  su  querella, 

Tan  inocente  y  pura 
Al  pié  de  ese  madero  ensangrentado, 

El  pecho  desolado 
Eespirando  dolor  y  desventura, 
Tiendo  á  la  muerte  que  en  sus  fieras  sañas 
Le  arrebata  la  flor  de  sus  entrañas. 

Señor:  ¿en  dónde  estás?  lloran  las  piedras, 
Se  enluta  el  sol,  las. tumbas  se  estremecen, 
Los  astros  palidecen. 

fe* «(fc 

157 


poesías  líricas. 


El  Ángel  gime  y  triste  y  reverente 
So  el  ala  esconde  la  angustiada  frente, 
¡Y  tú,  Señor,  velado  en  el  misterio 
Y  en  profundo  silencio  sumergido! 
¿No  conoces,  Señor,  al  santo  ungido? 

A  tu  esposa  adorada 
¿Ni  un  consuelo  le  das,  ni  una  mirada? 

Adopta  á  sus  verdugos, 
Hijos  de  maldición  y  de  pecado 

¡Y  tú,  Dios  poderoso, 
Encerrado  en  silencio  misterioso! 
Señor,  Señor,  tu  nombre  no  denigres, 

Con  el  sí  de  María 
Será  tu  Cristo  hermano  de  los  tigres. 


El  sí  inunda  los  labios  de  la  santa; 
La  madre  del  Eterno 
Quiso  ser,  pues  al  Cristo  así  le  plugo, 
Madre  del  hombre,  su  fatal  verdugo; 
Y  el  hombre  en  cambio,  del  divino  pecho 
La  última  gota  de  la  sangre  augusta 
Que  una  madre  cual  ella  nos  alcanza, 
Hizo  saltar  al  bote  de  su  lanza. 


158 


AL  PIE  DE  LA  CRUZ. 


¡El  cordero  espiró!  Murió  Mana 
Su  pecho  de  dolor  atravesado. 
Ora  en  su  trono  están  ¡ay  del  culpado! 

Hombres:  temblad;  ya  marca  vuestra  frente 
El  estigma  terrible  del  deicida. 
El  silencio  acabó  del  Dios  potente 

Y  la  sangre  del  Cristo  derramada 
Clama  venganza  y  quedará  vengada. 

Mas  luce  en  el  Calvario  una  esperanza; 
Que  en  su  cima,  del  mundo  abandonada, 
Con  los  brazos  divinos  siempre  abiertos, 
Nos  quedan  una  cruz  ensangrentada, 

Y  el  seno  de  una  madre  cuyo  nombre 
Dios  renunció  para  legarla  al  hombre. 

Santiago,  22  de  Marzo  de  1875. 


59 


2£2LII 


YO  LO  SABER 


$S«- 


Siempre  que  de  mí  te  acuerdes, 
Yo  lo  sabré  por  las  huellas 
Que  mi  alma,  al  cruzar  por  ellas, 
Deja  en  tus  pupilas  verdes. 


Los  afectos  de  tu  alma 
Tanto  allí  se  transparentan, 
Como  del  mar  verde  en  calma 
Las  piedrecitas  se  cuentan. 


61 


poesías  líricas. 


Como  se  encuentra  en  un  prado, 
De  alguna  extraviada  cierva, 
El  leve  rastro  en  la  yerba, 
Después  que  en  él  ha  cruzado. 


Por  eso  no  me  recuerdes 
Con  desamor,  amor  mió, 
Porque  afeará  tu  desvío 
Tus  lindas  pupilas  verdes. 


163 


* 


ISZXilII 


EL  POEMA  DE  LAS  HOJAS. 


A  CARLOS  WALKER  MARTÍNEZ 


La    Luiia* 


¡Qué  hermosa  noche!  Del  celeste  lago 
La  luna  besa  la  oriental  ribera; 
Eompiendo  espumas  de  tranquilas  nubes 
Y  hendiendo  lnz  á  navegar  comienza. 


63 


poesías  líricas. 


Parece  que  en  su  idioma  de  sonrisas 
Conversan  animadas  las  estrellas, 

Y  su  historia  de  luz  y  sus  amores 

A  nuestra  tierra  palpitando  cuentan. 

Parece  que  entre  el  cielo  y  nuestra  vista 
NI  un  átomo  sin  luz  se  interpusiera, 

Y  al  beso  de  una  noche  de  misterios 

El  lago,  el  bosque  y  la  ilusión  despiertan. , 


II. 


El   Lago. 

¡Luz!  ¡cuánta  luz!  Del  lago  entre  las  ondas 
Haces  de  luz  sus  leves  hilos  quiebran; 
Las  oleadas  bebiéndolos  sonríen, 

Y  entre  ellos  retorcidas  juguetean. 

También  tienen  amores.  Por  guardarlos 
Medio  escondidas,  en  tropeles  ruedan, 

Y  en  su  líquido  lecho  nos  ocultan 
De  su  vida  las  íntimas  leyendas. 


164 


~v,s>«- 


EL  POEMA  DE  LAS  HOJAS. 


Mas  descubren  su  amor  y  su  destino, 

Y  sus  dolores  sin  saber  nos  cuentan, 
Al  llegar  murmurando  hasta  la  playa, 

Y  morir  sollozando  entre  la  arena. 


III. 


El    Bosque. 

Cual  jirón  del  cendal  de  alguna  loca 
Que  cruza  silenciosa  la  arboleda, 
Se  desgarra  en  los  árboles  del  bosque 
De  luz  de  luna  la  primera  crencha. 

Se  esparce,  se  adelanta,  enciende  el  aire. 
Dibuja  sombras  en  la  verde  yerba, 
Se  apodera  del  bosque  y  sus  misterios 
Y  al  aire  desaloja  á  viva  fuerza. 


¡Luz!  ¡cuánta  luz!  El  corazón  del  bosque 
Arde  empapado  y  sumergido  en  ella; 
Palpita  luz,  que  en  aureolas  blancas, 
Circula  blandamente  entre  sus  venas. 


-*áájfe 


ios 


poesías  líricas. 


Y  el  tirano  del  bosque  el  cierzo  frió,  / 
Huye  vencido  y  su  venganza  espera .... 
La  aurora  de  la  noche  lo  sucede, 
Su  tibia  luz  en  sus  dominios  reina, 

Como  al  romperse  la  onda  en  una  roca, 
Satura  el  aire  de  revuelta  niebla, 
Que  con  la  luz,  parece  en  miniatura 
Una  fatal  revolución  de  estrellas. 

Los  rayos  laminosos  en  las  hojas, 
En  las  ramas  y  troncos  juguetean : 

Y  saltan  de  una  rama  á  la  otra  rama, 

Y  salpican  de  luz  la  húmeda  yerba. 

En  los  ancianos  troncos  se  resbalan, 

Y  se  incrustan  riendo  en  su  corteza; 

Y  entre  afables  y  serios,  de  los  rayos, 
Los  troncos  los  vejámenes  toleran, 

Como  el  anciano  que  en  sus  graves  canas, 
Con  faz  casi  risueña  y  casi  seria, 
Queriendo  y  no  queriendo  resistirse. 
Ye  retozar  á  las  pequeñas  nietas. 


166 


EL  POEMA  DE  LAS  HOJAS. 


IV. 


T-ias    "Hojas. 

Despiertan  ya  las  hojas,  de  los  rayos 
Al  calor  de  las  nítidas  ternezas, 

Y  al  roce  de  sus  besos  luminosos 
Sonrien  de  placer  y  de  amor  tiemblan. 

Y  comienza  en  el  bosque  solitario 
De  las  hojas  el  candido  poema, 
Que  flota  entre  sonrisas  3^  rumores 

Y  aspira  luz  y  se  sumerge  en  ella. 

La  tierna  juventud,  hija  del  bosque, 
A  sus  ensueños  y  á  su  amor  se  entrega. 
¡Pobres  hojas;  amad,  es  vuestra  historia! 
De  la  vida  gozad  la  primavera. 

¡Cdmo  á  los  rayos  sus  amores  dicen! 
¡Cdmo  inocentes  sus  designios  cuentan! 
¡Cdmo  sueñan  en  brazos  de  la  dicha, 
Transcurrir  entre  luz  la  vida  entera! 


167 


poesías  líricas. 


Mas,  su  ruta  tranquila  hacia  el  ocaso 
La  madre  luna  silenciosa  lleva, 

Y  los  rayos  miedosos  á  su  seno 
Uno  á  uno  ligeros  se  repliegan. 

¡No  os  vayáis,  por  piedad!  claman  las  hojas; 
¡No  nos  dejéis  tan  solas  en  la  tierra! 
Es  en  vano;  entre  lágrimas  amargas, 
El  postrer  beso  de  la  luz  resuena. 

Los  viejos  troncos  á  su  sueño  vuelven 
En  sosegada  paz  y  calma  quieta; 
Las  hojas  tiemblan  al  mirar  al  frió, 
Que  al  verlas  solas  con  furor  se  acerca. 

Llega  por  fin,  á  sus  dominios  torna, 

Y  su  derrota  con  las  ramas  venga; 
Las  sacude  y  despoja  de  sus  hojas, 
Que  gimiendo  espirantes  se  revuelcan. 

No  hay  piedad;  nadie  escucha  sus  lamentos, 
La  luz  ingrata  en  otros  bosques  juega, 

Y  el  cadáver  envuelve  de  las  hojas, 
La  mortaja  fatal  de  las  tinieblas. 


168 


StaSc ■ >^g<? 

EL  POEMA  DE  LAS  HOJAS. 


¡Pobrecillas!  Los  troncos  ya  dormidos 
Nada  en  su  abono  por  piedad  alegan; 

Y  las  dejan  morir  una  tras  otra, 

Y  sus  ensueños  y  su  amor  con  ellas. 

Llega  la  aurora,  y  el  cadáver  frió 
De  las  que  fueron  hojas,  solo  encuentra, 

Y  bañadas  en  lágrimas  amargas 

A  las  que  vivas  en  el  árbol  quedan; 

Porque  ven  el  destino  de  su  vida 
Al  ver  rodar  sus  compañeras  muertas, 
Que  ni  tumba  tranquila  hallarán  nunca 
Donde  dormir  el  sueño  de  la  tierra. 


Lias    Almas. 


¿Quién  al  ver  en  los  surcos  del  camino 
Las  pobres  hojas  que  los  vientos  llevan, 
De  una  vida  de  amor  y  de  ilusiones 
Verá  la  triste  huella? 

ü* ■ ¿¡m 

169 


poesías  líricas. 


¡Cuántos  hay  que,  al  mirar  las  amarillas 
Hojas  que  se  revuelcan. 
Solo  ven  la  venida  del  invierno, 
Del  seco  bosque  en  las  dolientes  quejas! 

¿Que  habrá  quien  no  perciba 
Ese  poema  de  las  hojas  secas? 
¿Que  habrá  almas  tan  pobres  que  no  tienen 
Invierno  y  primavera? 


Ha . , — — ^ mé 

170 


ZXIIL.I'V 


LAS  NEGRAS  SILUETAS. 


Sobre  el  fondo  violado  de  un  relámpago 
Rápida  se  proyecta 
La  silueta  sin  formas  de  una  nube 
Tempestuosa  y  negra. 

Una  mancha  semeja  sobre  el  pálido 
Rostro  de  alguna  muerta; 
O  el  punto  negro  de  contornos  ígneos, 
Que  al  ver  el  sol  en  nuestros  ojos  queda. 


poesías  líricas. 


II. 


En  el  fondo  de  luz  de  mis  recuerdos, 
Se  dibujan  mis  penas, 
Como  en  la  luz  fosfórica  del  rayo 
Las  nubes  de  tormenta. 

Yo  el  porvenir  arranco  del  pasado; 
Me  es  familiar  la  tempestad  siniestra: 
No  temo  mis  recuerdos,  ni  en  su  fondo 
Las  negras  siluetas. 


teifi" 


„ , ^ 

172 


#«*- 


XJLAT 


EL  ÁNGEL  DE  LOS  CHARRÚAS.* 


Era  el  ángel  transparente 
Que  el  indio  libre  adoro; 
Ra}ro  de  un  astro  doliente, 
El  último  ¡ay!  inocente 
De  una  raza  que  murió'. 


I. 


Fria  cruzaba  la  brisa 
Sobre  un  humeante  chai; 
Oreando  sangre,  de  prisa, 

*  Tribu  indígena  que  ocupaba  uua  gran  parte  del  territorio  del  Uruguay. 


173 


poesías  líricas. 


Fria  cruzaba  la  brisa 
Como  la  hoja  de  un  puñal. 

Llanto  pidiendo  á  las  hojas, 
Lamentos  al  Uruguay, 
Plañía  tristes  congojas, 
Llanto  pidiendo  á  las  hojas 
Del  ombú  y  del  ñandubay. 

Por  la  llanura  esparcidos 
En  sangrienta  confusión, 
Están  los  bravos  caídos, 
Por  la  llanura  esparcidos 
Sin  fuego  en  el  corazón. 

Las  indiecitas  huyendo 
Solas  y  sin  patria  van; 
Dejan  sus  toldos  gimiendo 
Las  indiecitas  huyendo 
Porque  murió  Sapican. 

¡Cayo  una  raza  inocente! 
¡Sin  dar  un  paso  hacia  atrás 
Dobló  la  bronceada  frente! 
¡Cayó  una  raza  inocente 
Para  no  alzarle  jamás! 

! 

®  é 

§g«é~— . — ^¡¡g 

174 


■*m 


EL  ÁNGEL  DE  LOS  CHARRÚAS. 


II. 

Oscura,  como  la  sombra 
De  una  conciencia  maldita, 
La  noche  los  cuerpos  muertos 
Con  su  crespón  envolvía; 
Y,  palpitando  en  su  seno 
Como  una  alma  que,  perdida, 
Llora  buscando  su  forma, 

Y  al  llorar  canta  y  suspira, 
Algo  como  una  canción 

De  triste  cadencia  rítmica, 
Casi  al  silencio  y  al  llanto 

Y  á  la  muerte  parecida, 
Se  dilataba  vibrando 
En  aureolas  de  armonía. 


Las  siluetas  de  las  lomas, 
Con  iluminadas  líneas, 
Poco  á  poco  comenzaron 
A  dibujarse  indecisas; 
Sobre  ellas,  formando  copos 
De  formas  todas  distintas, 
Se  encendió  un  hermoso  grupo 

175 


¥>- 


POESIAS   LÍRICAS. 


De  plateadas  nubéculas; 
De  entre  ellas  salieron  rayos 
Perdidos  entre  ellas  mismas; 
Los  átomos  encendidos 
Brillaron  con  luz  tranquila, 

Y  de  entre  todos,  besando 
A  nubes,  rayos  y  líneas, 
Serena  se  alza  la  luna 
Con  quieta  melancolía, 
Acariciando  á  la  tierra 
Con  su  luz  diáfana  y  tibia. 

Entonces,  como  engendrada 
Por  la  luz  que  la  envolvía, 
Sentada  sobre  una  loma, 
Se  vid  la  forma  de  una  india. 
Intangible  y  transparente, 
Casi  sin  forma  distinta, 
Era  un  ensueño  de  niño, 
Un  jirón  de  luz  con  vida; 
Una  alma,  forma  y  sustancia 
De  una  niebla  que  palpita; 
Un  espíritu  sin  nombre 
Formado  por  la  unión  íntima 
De  las  furias  del  salvaje 

Y  de  la  calma  divina. 

176 


EL  ÁNGEL  DE  LOS  CHARRÚAS. 


Era  el  ángel  transparente 
Que  el  indio  libre  adoró; 
Bayo  de  un  astro  doliente, 
El  último  ¡ay!  inocente 
De  una  raza  que  murio\ 

Con  la  frente  sobre  el  pecho 

Y  la  mano  en  la  mejilla 
Modulaba  la  canción 

Que  entre  las  sombras  latia; 
Transparentaba  la  luz 
Su  tez  pálida  y  cobriza; 
Del  fondo  de  dos  abismos 
Brotaba  su  ardiente  vista; 
Tres  plumas  sobre  su  frente 
El  viento  al  pasar  agita, 

Y  un  tipoy  blanco  en  jirones 
Yela  mal  sus  formas  tímidas: 
En  su  frente  chispeaba 

La  noble  altivez  vencida; 
De  una  esperanza  en  sus  ojos 
Aun  humeaban  las  cenizas 
Que  un  fulgor  vago  y  siniestro 
Prestaban  á  sus  pupilas. 


A 

áfes*- ■ — — — —  n& 

177 


poesías  líricas. 


Era  el  ángel  transparente 
Que  el  indio  libre  adoró* ; 
Rayo  de  un  astro  doliente, 
El  último  ¡ay!  inocente 
De  una  raza  que  murió. 

Era  un  misterio  encarnado 
Entre  las  selvas  indígenas, 
Por  los  amores  del  cielo 
Con  una  tierra  bendita; 
Era  un  ser  que  condensaba 
Toda  una  raza  extinguida: 
Las  lágrimas  de  los  niños, 
Los  suspiros  de  las  indias. 
Los  ayes  de  los  guerreros 
Que,  combatiendo,  caian; 
Los  ahullidos  de  combate, 
Las  ramas  que  el  viento  agita, 
El  silbar  de  las  saetas 

Y  bolas  arrojadizas; 

El  golpe  de  las  macanas, 
El  bote  de  lanzas  indias, 
El  chasquido  de  los  lazos 
Que  arrebataban  las  filas, 
El  caer  de  cuerpos  muertos 

Y  alzar  de  almas  redimidas. 


fe» : 

178 


EL  ÁNGEL  DE  LOS  CHARRÚAS. 


»f 


8 


Era  el  ángel  transparente 
Que  el  indio  libre  adoró; 
Kayo  de  un  astro  doliente, 
El  último  ¡ay!  inocente 
De  una  raza  que  murió. 


III. 

De-  la  visión  de  la  loma 
La  transparente  armonía, 
Entre  la  luz  que  se  apaga  * 
Por  grados  casi  se  infiltra; 
Se  extienden  y  se  dilatan 
De  sus  contornos  las  líneas, 

Y  en  su  lugar,  en  la  loma, 
Una  leve  nubécula, 
Quedó  solo  iluminada 
Por  las  últimas  caricias 

Del  astro  que  adoró  el  indio, 

Y  que  ahora  solo  se  iba 
Sin  que  un  ahullido  charrúa 
Culto  salvaje  le  rinda. 

La  última  crencha  de  luz 
Absorbió  á  la  nubécula, 

179 


poesías  líricas. 


1877 


Como  á  una  niebla  en  verano 
Una  ráfaga  disipa. 
Se  apagó  la  luz  del  mundo, 
Se  ahogó  la  dulce  armonía, 
Volvió  la  sombra  á  envolver 
Los  muertos  en  la  campiña. 
Volvió  el  silencio  á  reinar 
Entre  las  selvas  indígenas, 
Y,  á  lo  lejos,  en  el  rio, 
En  los  buques  de  la  orilla, 
Se  oyó  el  rodar  de  cadenas 
De  una  maniobra  marina. 
¡Cadenas!  ¡Pobres  charrúas! 
¡Ay  de  la  raza  vencida! 

¡Cayó  una  raza  inocente! 
¡Sin  dar  un  paso  hacia  atrás 
Dobló  la  bronceada  frente! 
¡Cayó  una  raza  inocente 
Para  no  alzarse  jamás! 


i  i 

¡» ■ : — — — — « 

180 


-■%& 
*? 


2£iy\ri 


BECQUER 


A  JUAN  A.  BARRIGA 


Descontenta  del  cuerpo, 
En  pos  de  apasionados  imposibles, 
Y  empapada  en  recuerdos  sin  imagen, 
Vagaba  su  alma,  triste. 


Concebía  colores 
Que  el  iris  no  dibuja  entre  sus  tintes, 
Y  pasiones  reales  de  este  mundo 

Que  en  el  mundo  no  existen. 

i 
%  é 

m? ■ — — — — ■ ^e& 

181 


i 

I  poesías  líricas. 


Las  notas  que  formaban 
En  su  alma  sus  amores  imposibles, 
Creyó  escuchar  en  sus  ecos  de  la  tierra 

Como  salmodias  vírgenes. 

Perdido  en  sus  ideas, 
Soñó  un  mundo  sensual  j  no  sensible; 
De  un  genio  informe  arrebató  su  espíritu 

La  locura  sublime. 


Naturaleza  extraña, 
Actividad  sin  forma  á  que  ceñirse, 
La  dicha  hubiera  marchitado  una  alma 

Que  de  lágrimas  vive. 


Era  frágil  el  vaso. .  . , 
Gigante  el  árbol,  grandes  las  raices.  . . , 
No  puede  ser.  El  fuerte  venció  al  débil. 

Becquer:  sueña.  .  . .  Eres  libre. 


182 


^Lüj-srxx 


NOTAS  DE  UN  HIMNO. 


Ruidos  nocturnos  que  en  el  aire  nacen, 
Que  el  alma  escucha  cuando  se  halla  sola: 
Hijas  de  un  mundo  misterioso  y  vago 
Son  estas  notas. 


Ráfagas  de  suspiros  y  de  ideas, 
De  indescifrables  risas  armoniosas 
Que  se  oyen,  á  intervalos,  entre  llantos, 
Como  en  la  lucha  el  himno  de  la  gloria. 


183 


r — qp 

poesías  líricas. 


Quizá  es  un  remedo 
De  un  mundo  mejor, 
Do  chocan  los  átomos 
Formando  un  fantástico  y  dulce  rumor. 

Un  lampo  de  otra  alma 
Que  alienta  en  mi  ser; 
Quizá  es  una  ráfaga 
Del  germen  de  un  genio  que  muere  al  nacer. 

Yo  las  sorprendo  y  al  rumor  las  robo 
Tales  cual  vienen,  sin  color  ni  forma; 
Yo  las  comprendo;  comprenderlas  pueden 
Las  almas  tristes  y  las  almas  solas. 

Solo  las  concebí;  solo  y  sentado 
Sobre  el  sepulcro  de  mis  pobres  glorias, 
Y  al  calor  de  la  hoguera  en  donde  ardían 
Dulces  recuerdos  é  ilusiones  locas. 

Son  notas  de  un  himno 
De  íntimo  laúd, 
Que  en  sombras  de  mi  alma 
Palpita  entre  espumas  de  armoniosa  luz. 


184 


NOTAS  DE  UN  HIMNO. 


■n 


Son  hijas  del  viento. 
"Vientos:  ¡allá  van! 
En  sus  giros  rápidos 
Rumorosos  átomos  corren  á  buscar 


M«— - — ~ — — — 

i85 


Xl^riII 


EL  TIEMPO 


A  RAIMUNDO  LARRAIX  C. 


I. 


La  lámpara  de  aceite  ante  el  santuario 
De  la  pared  pendía, 
Y  su  luz,  con  las  sombras,  débilmente 
Luchaba  sin  herirlas. 


Apenas  si  empujaba  las  tinieblas 
Que  asaltaban  su  luz  casi  extinguida 


a* 

187 


poesías  líricas. 


No  daba  luz;  decia  que  había  sombras 
En  la  callada  ermita. 


En  violentas  j  raras  contorsiones 
Los  objetos  del  templo  se  torcían; 
De  los  santos  de  piedra  se  agitaban 
Los  ojos  sin  pupilas. 


Los  retablos  temblando  se  inclinaban 
De  las  rectas  cornisas, 
Proyectaban  la  sombra  en  las  paredes, 
Medio  esfumadas  é  inconstantes  líneas. 


A.caso  por  el  miedo  del  silencio 
Todo  tiembla  en  la  ermita; 
Y  en  tropeles,  discurren  por  las  sombras 
De  consejas  las  muertas  heroínas. 


Eran  las  altas  horas 
En  que  duerme  el  secreto  de  la  vida; 
Despiertan  los  ensueños  en  las  almas, 
Y,  en  las  tumbas,  las  luces  figitivas. 


188 


>;m 


EL  TIEMPO. 


II. 


Entre  el  altar  y  un  arco  de  la  nave, 
En  la  penumbra  que  el  altar  proyecta, 
Del  fundador  del  templo  se  levanta 
El  sepulcro  de  piedra. 


Recostado  en  la  tumba,  sobre  el  pecho 
Caída  la  cabeza, 

Un  viejo  centenario  contemplaba 
El  movimiento  de  un  reloj  de  arena. 


Un  brazo  abandonaba  en  el  sepulcro, 
Y  caída  la  diestra 
Una  antorcha  apagada  sostenía, 
Que  se  apagó  en  la  tierra. 


Brillar  entre  sus  cejas  parecía 
Su  mirada  de  piedra, 
Y  sus  labios  inmóviles  y  frios 
Contar  las  horas  muertas. 

189 


#  ■ 


poesías  líricas. 


Era  el  Tiempo.  La  mano  del  artista 
Dio  vida  al  duro  emblema 
Que  guardaba  de  un  hombre  los  despojos 
Para  legarlos  á  la  edad  eterna. 


III. 


La  escasa  lamparilla  del  santuario 
En  vano  se  agitaba; 
G-emia  entre  las  sombras  jadeante 
Ya  de  luchar  cansada; 


Iba  á  morir;  en  valde  se  oponía 
A  abandonar  el  ara, 

Donde  el  Dios  que  el  espacio  no  comprende, 
Reclinado  descansa. 


Los  hombres  duermen,  y  el  rumor  del  mundo 
Casi  extinguido  calla; 
Solo  velan  las  sombras  y  el  misterio . .  . . 
¡Quizá  también  las  almas! 


190 


EL  TIEMPO.  | 


¡También  velaba  el  viejo  de  la  tumba 
Alzó  la  frente  cana, 
Y  contempló  un  momento,  silencioso, 
La  lucha  de  la  lámpara. 


Se  incorporó;  dejó  sobre  el  sepulcro 
El  reloj  que  observaba, 
Y  en  el  santo  recinto  resonaron 
Sus  rígidas  pisadas. 


El  ruido  de  dos  piedras  al  chocarse, 
Y  una  de  ellas  con  alma, 
Con  un  compás  crispante  y  fatigado 
Producía  su  planta. 


Tomó  su  antorcha  y  con  incierto  paso 
Fué  y  la  encendió  en  la  lámpara .... 
Esta  murió  y  ante  el  altar,  el  viejo 
De  rodillas,  dobló  la  frente  pálida. 


Cuando  los  fieles  á  elevar  sus  preces 
Entraron  á  la  ermita  en  la  mañana; 


191 


poesías  líricas. 


Y  el  esquilón  tocaba  á  Ave-Marías 
Con  su  voz  ele  lamento  y  de  plegaria; 


Atento  al  movimiento  de  la  arena 
En  la  tumba  el  anciano  siempre  estaba: 
La  lámpara  humeaba  ya  extinguida, 
Pero  en  los  vidrios  sonreía  el  alba. 


IV. 


Cuando  llegan  las  horas 


Del  nocturno  silencio, 

Y  la  luz  de  la  vida  tiembla  y  muere, 

Entre  las  sombras  del  callado  sueño. 


Olvidada  del  hombre, 
Y  envuelta  en  el  misterio, 
La  Eternidad  descansa  en  el  santuario. 
Pero  siempre,  á  su  lado,  vela  el  Tiempo. 


4 


192 


22:l22:i22: 


NO  ERA  UN  SUEÑO. 


¿En  qué  la  conocí?  ¿Quién  me  lo  dijo? 
Yo  no  lo  sé. 
Yo  la  estreché  como  se  abraza  un  sueno 
Y  sin  ella,  sin  madre  desperté. 


No  era  un  sueño;  los  sueños  en  el  alma 
Tanto  rastro  no  dejan: 
Madre  mia,  descíframe  el  misterio 
Que  á  tu  sombra  envolvió  la  noche  aquella. 


193 


-*| 


m- 


poesías  líricas. 


Se  acerca....  Me  abrazo,  como  sin  duda 
Abrazarán  las  madres  de  la  tierra; 
¡Que  hasta  el  beso  inefable  de  una  madre 
Es  para  mí  un  misterio  de  mis  penas! 

¡Cuánto  adoro  mis  sueños  filiales! 
¡Es  mi  mas  dulce  herencia! 
]AhL.  ¡Su  sombra  bendita!...  ¡Hasta  la  muerte 
Pierde  su  horror  en  ella! 

Me  miró\  Yo  sentí  que  en  su  mirada 
Se  infiltro  mi  alma  entera; 
Soñé  no  haber  nacido,  soñé  en  germen 
Mi  huérfana  existencia. 

¡Ah!  por  posar  de  nuevo  en  su  regazo 
Mi  cansada  cabeza, 
¡Hasta  mi  vida  huérfana  amaría! 
¡Para  nacer  muriera! 

No,  no  era  un  sueño....  Riendo  ante  mis  ojos 
Yí  sus  pupilas  negras, 
Y  sentí  difundirse  por  mi  alma 
La  tibia  luz  de  su  ternura  inmensa. 


194 


NO  ERA  UN  SUENO. 


Los  mas  dulces  latidos  de  mi  pecho, 
Mi  mismo  sueño  diera 
Por  traducir,  Dios  mió,  esa  sonrisa, 
A  las  santas  sonrisas  de  la  tierra. 

Me  habló....  no  lo  entendí....  no  lo  recuerdo. 
Penetró  en  mi  conciencia.... 
Y  aun  guarda  mi  alma  el  timbre  misterioso 
Del  mudo  ¡adiós!  de  su  mirada  tierna. 

Sintió'  mi  corazón  que  no  latia, 
Lo  que  calló  mi  lengua; 
¡Ah!  Yo  no  hablé,  no  palpitó  mi  pecho, 
Por  no  perder  ni  un  movimiento  de  ella. 

Se  alejó.  Largo  tiempo  entre  la  sombra 
La  vi  en  su  manto  envuelta, 
Eeal,  palpable,  madre,  madre  mia 
Como  las  dulces  madres  de  la  tierra. 


Al  perderse  hasta  el  ruido  de  sus  pasos, 
Se  volvió,  torné  á  verla. 
Desperté,  sentí  llanto  entre  mis  ojos, 
Y  en  mis  labios,  plegarias  para  ella. 


195 


•*h 


poesías  líricas. 


¡No  digáis  que  soñé!  Era  mi  madre, 
¡Tuvo  que  ser! 
No  me  robéis  la  dicha  de  mi  vida, 
No  me  robéis  mi  fé. 

Vosotros  tenéis  madre,  sois  felices, 
¿Qué  mas  queréis? 
Dejadme  á  mí  mis  sueños,  á  lo  menos, 
No  digáis  que  soñé. 


196 


ULTIMO  INSOMNIO. 


Hereuse  la  beauté  que  le  poete  adore. 
Lamaktine. 


Dame  asilo  de  un  dia  solamente 
Dentro  tu  corazón, 
Para  esperar  la  muerte,  que  se  acerca, 
Y  viene  de  mí  en  pos. 

Cansados  de  llorar  están  mis  ojos; 
Solo  en  el  mundo  estoy; 
Te  dejaré  la  herencia  de  mis  lágrimas . 
¡Vivirán  mas  que  yo! 


197 


poesías  líricas. 


En  ellas  lego  al  mundo  mi  fortuna, 
Mi  adorado  dolor; 
Ellas  darán  altares  i  mi  sombra 
Y  á  mi  recuerdo  amor. 


Aunque  el  polvo  me  cubre  del  camino 
Y  lastimado  estoy; 
Del  naufragio  implacable  de  mi  dicha 
Mi  lira  se  salvó. 


En  el  hogar  tranquilo  de  tu  alma 
Dame  paz  y  calor; 
Yo  cantaré  tu  nombre ....  Eternamente 
Viviremos  los  dos. 

Ábreme,  estoy  cansado.  Ya  la  muerte 
Se  acerca  de  mí  en  pos; 
Dame  asilo  de  un  dia  solamente 
Dentro  tu  corazón. 


FIN 


ÍNDICE 


Este  libro  y  su  autor V" 

Dedicatoria 1 

I— Credo!.. 3 

II.— ¡Madre  mia! 11 

III.— Tú  y  Yo. 15 

IV.— El  Dolor 17 

V.  — La  Inspiración 25 

VI. — Veinte  años 31 

VIL—  Bellini , . .  •  33 

VIII. — Siemprevivas 35 

IX. — Silencio  del  alma 37 

X. — Buscad  al  Ángel 39 

XI.— Focos. . 41 

XII.— ¡Paso! ,.  45 

XIIL— En  brazos  del  desaliento. 47 

XIV.— El  himno  del  Cielo 53 

XV.— Vestales 57 

XVI. —Cantos  y  Pupilas 59 

XVII.  —  Cantarcillo 61 

XVIII. —Moisés 67 


99 


poesías  líricas. 


XIX.— Odio  y  Amor 77 

XX.— Su  Ketrato 79 

XXI.— Tus  ojos 81 

XXII.—  ¿Será  verdad? 83 

XXHL—  Imposible 85 

XXIV.— ¡Y  lío  sentías! 87 

XXV.— El  Divino  Poema. 89 

XXVI.— Latidos 95 

XXVII. —Buscándola 97 

XXVIII— Keza 99 

XXIX.— Piensa  en  mí 101 

XXX.— No  llores  mas 105 

XXXI.— Mujer '..... 107 

XXXII.—  Allá  van 113 

XXXIII.  —¡Pobre  Flor! 115 

XXXIV.— A  un  Amigo 119 

XXXV.— Pensando  en  la  Patria 123 

,  XXXVI. —¿Te  acuerdas? ,  127 

XXXVII.— ¡Patria  mia! 129 

XXXVIII.— La  Sombra  Negra 137 

XXXIX.— Pontífice  y  Eey 141 

XL.— Era  tarde 153 

XLI. — Al  pié  de  la  Cruz 155 

XLIL—  Yo  lo  sabré 161 

XLIII.—  El  Poema  de  las  Hojas 163 

XLIV.— Las  Negras  Siluetas 171 

XLV.— El  Ángel  de  los  Charrúas. 173 

XLVI.— Becquer 181 

XLVIL— Notas  de  un  Himno * 183 

XLVIIL—  El  Tiempo 187 

XLIX. — No  era  un  sueño 193 

L. — Ultimo  Insomnio 197 


& A 

200 


» 


ERRATAS 


Pág.  XX,  línea  segunda,  dice:  de  la  obra  otro  amigo. — léase:  de  la  obra  de 
otro  amigo. 

Pág.  126,  verso  undécimo,  dice:  dormido  entre  estos  valles, — léase:  perdido 
entre  estos  valles, 

Pág.  179,  verso  décimo-séptimo,  dice:  Y  que  ahora  solo  se  iba— léase:  Y  que 
ahora,  sólo  se  iba, 

Pág.  182,  verso  tercero,  dice:  Creyó  escuchar  en  sus  ecos  de  la  tierra — léase; 
Creyó  escuchar  en  ecos  de  la  tierra 

Pág.  182,  verso  décimo-quinto,  dice:  No  puede  ser. — léase:  ¡No  pudo  ser! 


!OI 


5¿pSs$y^ 

ÉSSÉkM 

■ 


«%, 


&£mw?k 


■■■^*%>í& 


c  m? 


^ifefe 


*^*"*a ;  '  ^K 


7^ 

Y 

s^vffw: 

'- 

> 

i^fH 

ii 

i    i 

-  ■ 

^■JvHk&rm¿m%. 


m  mÑmMM 


m 


m:. 


-Í-T    N*. 


1^1    '      W  ■    5 


«5 


~SBí 


mm 


'>^%M.y 


% 

i 

l 

M 

h 

fe 

i 

m 

k^ 

Élfp% 


S  ÍÍ|||| 


& 

s¿£ 

#ÍT^ 


*$fe« 


W.  fü 


M 


JV&»l: 


-¿ 


^*«# 


*** 


r"  W 


^       *% 


IPÍr  ^^€ 


ftÉ 


^ 


í*^